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LEVÁNTATE. VE CORRIENDO A AYUDAR

 DOMINGO IV DE ADVIENTO CICLO C

Domingo 22 de Diciembre de 2024

REFLEXIÓN

1.- En este cuarto Domingo de Adviento la Iglesia quiere que nos fijemos en dos mujeres que tienen  una especial importancia en la Historia de la Salvación:

+MARÍA: Se sorprende ante la petición que Dios le hace a través de la visita del Ángel. Se siente asustada, desconcertada, sobrepasada por aquella petición y tal vez con miedo que Ella manifiesta diciendo: ¿Cómo será esto?

+ María, una mujer humilde, con una  fe y una absoluta confianza en Dios, responde: “Aquí estoy. Hágase en mí según tu palabra. Que Dios haga en mí lo que quiera”. María se convierte así en la mujer llena de Dios.


+ISABEL: María, ante la inesperada noticia del embarazo de su prima, se levanta, va corriendo, sin que nadie se lo pida, a ayudarla en los últimos meses de su embarazo, no le frenan las dificultades ni los acontecimientos incomprensibles.

+Isabel, como María, es una mujer humilde, se sorprende, se sobrecoge ante la visita de María y reconoce en Ella a la mujer llena de Dios y portadora de Dios, y levantando la voz exclamó: “Bendita tú entre las mujeres y bendito el fruto de tu vientre” “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Ambas comparten la alegría de los importantes acontecimientos que están viviendo y de estar llenas del Amor de Dios.


2.- Podemos aprender de María e Isabel su manera de comportarse y reaccionar: No dejar que los acontecimientos difíciles e inesperados nos bloqueen, nos dejen paralizados, hundidos en la preocupación, la tristeza y el desánimo sin saber qué hacer ni cómo reaccionar.

Aceptar con humildad que el Señor nos necesita y quiere que le ayudemos a hacerse presente en el entorno en que nos movemos en nuestra vida diaria.

Hemos de levantarnos, poner nuestra mirada y confianza en el Señor. Dejar que nos coja de la mano, nos ayude, nos ilumine, nos anime y nos acompañe para poder seguir caminando 

Hemos de cuidar mantenernos llenos de Dios con la oración y los sacramentos, para fortalecer nuestra fe y nuestra esperanza que son las fuentes de nuestra verdadera alegría.


3.- Hemos de fijarnos en quien o quienes necesitan de nosotros, estando siempre atentos, dispuestos a servir y ayudar, aunque no nos lo pidan, siendo presencia de la bondad y del amor de Dios, con nuestras palabras, con nuestras obras hechas con el corazón y con una sonrisa, al igual que María.

Pidamos al Señor que nos ayude a preparar nuestra celebración de la Navidad, aunque sea yendo contracorriente, abriendo nuestro corazón a la presencia de Dios para transmitir y contagiar la misma alegría de estar llenos del Amor de Dios, como compartieron y transmitieron  Isabel y María.