NAVIDAD CICLO C
25 de Diciembre de 2024
REFLEXIÓN
1.- El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar nos anuncia el nacimiento de Jesús como la alegría que trae a nuestro mundo la Luz que ilumina nuestras tinieblas y nos llena de esperanza. Pero dice el evangelista Juan: “Vino a su casa y los suyos no le recibieron porque prefirieron las tinieblas a la Luz…”
Sólo fue reconocido por aquellos que tenían un corazón limpio, que dormían al raso, que no soñaban con grandezas y sabían descubrir en las cosas pequeñas la presencia amorosa de Dios.
2.- Hoy recordamos y anunciamos la misma Buena Noticia, pero nuestro mundo no la quiere recibir porque prefiere seguir envuelto en las tinieblas, envuelto en todas esas cosas feas que nunca deberíamos haber hecho y nunca deberían haber ocurrido, pero que guardamos escondidas en lo hondo del corazón.
Sin embargo, Jesús sigue llamando a nuestra puerta porque quiere estar con nosotros, quiere llenarnos de su Luz y su Esperanza, pero todavía estamos envueltos en las tinieblas de nuestros pecados: el egoísmo, la ambición de poder a cualquier precio, la codicia, el materialismo, la violencia, la exclusión o el mal trato a los más pequeños, los más débiles, los excluidos y descartados porque nos molestan…
Quizá nosotros tampoco le abrimos la puerta de nuestro corazón y nuestra casa porque estamos demasiado ocupados por la fiesta, las luces, los regalos, las comidas, las reuniones… y no tenemos tiempo ni sitio para Él.
Quizá tambien estamos envueltos por esa alegría superficial y vacía que nos ofrece la sociedad y que sólo pretende ocultar las tinieblas que nos envuelven, haciéndonos olvidar el verdadero motivo de nuestra alegría y nuestra fiesta.
3.- Nosotros no debemos ser así. Nuestro corazón y nuestra casa deben tener siempre las puertas abiertas esperando a Jesús que viene a estar con nosotros.
Pongamos nuestra mirada en la imagen del Niño Jesús, que tenemos en los Belenes de nuestras casas, para no olvidarnos de que siempre ha de haber sitio para Él en nuestra vida, que hemos de aprender a encontrarlo en los más pequeños, los más pobres…y la presencia amorosa de Dios en las pequeñas cosas que nos rodean
Pidamos al Señor no olvidarnos nunca de que el motivo de la verdadera alegría es fortalecer nuestra fe y dejar que nos envuelva la Luz del Amor infinito de Dios que nos ama tal como somos y a pesar de lo que somos.