DOMINGO V DE PASCUA CICLO A
Domingo 3 de Mayo de 2026
REFLEXIÓN
1.- Jesús lleva días despidiéndose de los discípulos. A pesar de que habían estado tantos días con El, no terminaban de entenderle ni entender sus enseñanzas. Tenían dudas, inseguridades, momentos de oscuridad y desasosiego.
Por eso Jesús les dice:”No se turbe vuestro corazón…No perdáis la calma. Me voy a prepararos sitio en la Casa de mi Padre para que estéis siempre conmigo”
Ante esa afirmación le plantean dos cuestiones:
2.- Primera cuestión la plantea Tomás, el que más le cuesta creer: ¿Cómo podremos ir si no sabemos el camino?. Y Jesús le respondió :”Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”
EL CAMINO es sus enseñanzas, su modo de vivir y de comportarse en las distintas situaciones de su vida.
Es AMAR a Dios sobre todas las cosas, que sea el centro de nuestra vida, comportarnos como Él lo haría si estuviera en nuestro lugar, y amar al prójimo como Él nos ama.
ES LA VERDAD, es el único camino que nos llevará a la Casa del Padre, el Camino de la felicidad y de la Vida. Es hacer el bien a todos con generosidad y sin pedir nada a cambio, el camino de la paz, del perdón, de la misericordia… Un Camino que no es fácil seguir pero contamos siempre con la ayuda del Señor: No os dejaré solos. En los momentos de cansancio, de desánimo, de dudas.. está siempre a nuestro lado como el compañero de camino discreto, silencioso, que nos coje de la mano y nos anima a seguir caminando.
ES EL CAMINO DE LA VIDA. Que nos recuerda que no hemos de seguir otras voces engañosas que nos proponen ser felices de otra manera, pero que son caminos equivocados que hemos de rechazar aunque tengamos la tentación de seguirlos. Sólo el Camino de Jesús es el verdadero.
3.- La otra cuestión se la plantea Felipe: Muéstranos al Padre y nos basta.
Y Jesús le responde: “Tanto tiempo que estoy con vosotros y ¿todavía no me conoces, Felipe?. El que me ha visto a mí, ha visto al Padre.”
Jesús es el rostro del Padre Bueno y amoroso que cada día espera con los brazos abiertos que el hijo que se ha marchado vuelva a casa y cuando vuelve no le riñe, ni le pide explicaciones, sólo le abraza, le besa y le susurra: Que bueno que viniste, hijo mío. Te estaba esperando.
Es el Dios que siente compasión del que tiene hambre, del enfermo, del paralítico, del rechazado por la sociedad, del considerado impuro cuando solamente está enfermo. Que sufre con los que sufren, llora con los que lloran, se alegra con las cosas buenas de los demás.
Es el Dios que siempre nos perdona, nos escucha, nos ayuda, que da su vida por nosotros para que vivamos su misma Vida entregándose hasta la muerte.
4.- Estas enseñanzas de Jesús nos hacen entender que no hemos de temer la muerte, sino mirarla con paz, serenidad, confianza y tal vez también con alegría porque es llegar a la Casa del Padre para vivir siempre junto a Jesús ocupando el sitio que tiene preparado para nosotros desde siempre. Podemos aprender de este pasaje del Evangelio cómo hemos de vivir si somos discípulos de Jesús, cómo hacer frente a las dificultades y problemas de nuestra vida y el sentido que hemos de dar la muerte.