DOMINGO I DE CUARESMA CICLO A
Domingo 26 de Febrero de 2023
REFLEXIÓN
1.- Antes de comenzar su predicación Jesús se retira al desierto para tener un tiempo de preparación para cumplir bien la misión que el Padre le ha encomendado.
Allí experimenta lo que serán todas las tentaciones que sufrirá a lo largo de su vida y contra las que tendrá que luchar.
++Al sentir hambre después de muchos días de ayuno, el Demonio le propone que utilice todo su poder como Dios para convertir las piedras en pan y saciar así su hambre.
Jesús se le enfrenta recordándole que el hombre no tiene sólo hambre de pan, sino que, sobre todo, tiene hambre y necesidad de alimentarse de la Palabra de Dios.
++Le tienta después a lanzarse desde lo más alto del Templo y hacer un milagro espectacular para demostrar su poder.
Jesús le responde que a Dios no se le puede manipular caprichosamente y pedirle que haga lo que a nosotros nos conviene, que haga nuestra voluntad y no la Suya, que esté a nuestro servicio cuando nos interesa.
++Por último el demonio le propone con enorme cinismo que se rebaje, que renuncie a su condición divina y le adore.
Jesús le responde con toda su energía que a Dios no se le puede tentar. Que sólo Dios merece toda la adoración y gloria porque es el único Señor.
2.- A poco que reflexionemos nos daremos cuenta de que las mismas tentaciones están presentes en nuestra vida.
++Estamos apegados a los bienes materiales mucho más de lo que nos imaginamos. Gastamos por gastar, acumulamos sin necesidad, tenemos muchas cosas que no usamos o que se estropean, nos cuesta mucho desprendernos de ellas, compartirlas con los que tienen menos y ponerlas al servicio de los demás. Y nos olvidamos de que también tenemos hambre de Dios.
++En nuestra relación con Dios le pedimos que nos escuche y haga nuestra voluntad, que las cosas nos salgan bien según nuestro criterio, que nuestros problemas se resuelvan pronto y a nuestro gusto. Queremos utilizar a Dios y nos enfadamos con Él cuando no nos hace caso.
++Con mucha frecuencia el dinero, el placer, el poder, se convierten en nuestros dioses a los que adoramos, a los que nos sometemos, ante los que nos rebajamos como si esa fuera la llave de nuestra felicidad y nos olvidamos de que Dios es nuestro único Señor y debe ser el centro de nuestra vida.
3.- A medida que vamos cayendo en esas tentaciones nuestra fe se va envejeciendo, se va cubriendo de cenizas, va perdiendo brillo y vitalidad.
Sólo las podemos vencer escuchando y reflexionando la Palabra de Dios que es Luz en nuestro camino, nos recuerda qué lugar debe ocupar Dios en nuestra vida, hacia donde nos hemos de dirigir, cuál debe ser nuestro modo de pensar y de comportarnos.
Por eso, aunque la Cuaresma es un tiempo de conversión, de penitencia y oración, porque hemos de hacer el esfuerzo de cambiar, no podemos vivirlo como un tiempo triste, sino como un camino de alegría y esperanza que nos sirve para revitalizar nuestra fe apartando las cenizas que la oscurecen y debilitan, ensanchar nuestro corazón para hacernos más capaces de amar, y avanzar en el camino de salvación que nos ofrece Jesús.
Podemos hoy preguntarnos cuáles son nuestras tentaciones más frecuentes, cómo podemos combatir aquellas en las que caemos más fácilmente y pedirle al Señor que no desaprovechemos este tiempo de Cuaresma, que es un tiempo de gracia y salvación.