JUEVES SANTO CICLO A
Jueves 6 de Abril de 2023
REFLEXIÓN
Cada Jueves Santo recordamos y revivimos la Última Cena de Pascua que celebró Jesús con sus discípulos, en la que, como dice S.Juan: “Jesús, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo.”
1.- En esa celebración Jesús abre su corazón a los discípulos y comparte con ellos sus sentimientos más íntimos. Les repite una y otra vez que los ama, que son sus amigos, que nunca los dejará solos, que siempre estará a su lado. Y también les manifiesta su tristeza porque le abandonarán y le dejarán solo, pero especialmente porque uno de ellos, de sus íntimos amigos, le traicionará, le venderá, participará en un juego muy sucio para hacerle tanto daño que terminará con su muerte.
Recordar y revivir ese momento es motivo de enorme alegría y gratitud porque eso mismo nos lo dice a nosotros constantemente y especialmente hoy. Jesús quiere llenar nuestro corazón de su amor si tenemos las puertas abiertas y le dejamos entrar en nuestra vida para quedarse con nosotros para siempre. Pero también comparte su tristeza porque nosotros, los que nos consideramos sus amigos, le dejaremos solo muchas veces, nos avergonzaremos de ser sus amigos y le traicionaremos
2.- También es en esa Cena cuando Jesús parte el pan y lo reparte diciéndoles: “Esto es Mi Cuerpo”; tomad, comed, comedme. “Tomad y bebed de este cáliz.”. “Haced esto en memoria Mía”
+Cada vez que celebramos la Eucaristía recordamos y revivimos aquella Última Cena, repetimos los mismos gestos y las mismas palabras de Jesús; y como momento cumbre de la Celebración, comemos el Pan de Jesús, comemos su Cuerpo roto y partido… Y al comerlo, Jesús se hace una misma cosa con nosotros, se hace carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, nos convertimos en Jesús para siempre.
+Llevamos a Jesús en nosotros. Somos Jesús en la calle, en casa, en el trabajo… Hemos de vivir como Él vivió, comportarnos como Él se comportó. No puede ser de otra manera porque de lo contrario viviríamos en una constante contradicción con nosotros mismos.
3.- Comer el Pan de Jesús roto, partido, repartido, y convertirnos en Él, nos compromete seriamente. Pero sobre todo nos compromete a amar y a servir como Él lo hizo.
+Él se arrodilló a los pies de sus discípulos, se despojó de su condición divina y se los lavó como hacían los esclavos con sus señores, de modo que, a partir de ese momento, Jesús convirtió a sus discípulos en “señores”, a todos sus discípulos y se hizo servidor y esclavo de todos nosotros.
+Nosotros, aprendiendo de Él, hemos de arrodillarnos a los pies de los que más necesitan ser servidos: los que sufren, los más ignorados y excluidos, para servirles y amarles como lo hizo Jesús, porque somos Jesús, y hacerles sentir que ellos “también son señores”, que son amados con una infinita misericordia, una infinita ternura. Hacerles sentir que les arropa y les envuelve el Amor infinito de Dios, porque para Dios cada uno de nosotros somos únicos.
4.- No podemos participar y vivir cada Eucaristía, y especialmente hoy, sin sentir una enorme gratitud por el infinito amor con que Jesús nos ama, porque nos trata y nos sirve siempre como a “señores” y nos hace tan grandes como Él mismo cada vez que comemos su pan. Y tampoco podemos dejar de renovar nuestro compromiso de vivir como Él vivió, de amar como Él nos ama y de servirnos unos a otros como Él nos enseñó.