DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 18 de Junio de 2023
REFLEXIÓN
1.- Eran muchedumbres las que seguían a Jesús y, al contemplarlas, siente compasión de ellas, se le conmueven las entrañas, porque andan cansadas, abandonadas y desorientadas como ovejas que no tienen pastor.
Esa preocupación y compasión la comparte con sus discípulos, llama por su nombre a doce de ellos, y les envía dándoles autoridad para anunciar la llegada del Reino, para expulsar demonios, curar enfermos, resucitar muertos, limpiar leprosos… Liberar a los esclavos del pecado y de los malos hábitos, devolver la dignidad a los rechazados y excluidos, levantar a los oprimidos por las humillaciones, desprecios e injusticias…
Les envía y les da autoridad para hacer el bien, porque todas esas obras son la manera concreta en que se hace visible la compasión y la Misericordia de Dios.
Y añade: “La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos. Rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies”
2.- Hoy sigue habiendo multitudes de las que Jesús también siente compasión porque están desorientadas, agobiadas, extenuadas por el cansancio de buscar la felicidad por caminos equivocados. Por el empeño de construir un mundo nuevo trabajando de espaldas a la verdad, la justicia, el amor y la paz.
Pero Dios, el Señor de la mies, no vive aislado, ajeno a lo que nos ocurre . Sigue comprometido en que su Reino se haga presente para que el mundo vuelva a ser el que Él soñó cuando lo creó. Por eso nos recuerda que la mies es mucha y son pocos los trabajadores que colaboren en la tarea de que todo cambie.
Necesita trabajadores, nos necesita a nosotros, nos llama por nuestro nombre y nos envía, igual que envió a los doce, a anunciar la llegada del Reino, curar los corazones heridos, cuidar a los enfermos, liberar a los esclavos del mal y del pecado, limpiar a los llagados de la lepra de los malos sentimientos, los malos deseos, las malas intenciones, a devolver su dignidad a los excluidos, maltratados, humillados.
Nos envía y nos da autoridad para hacer el bien, para hacer visible la bondad y la Misericordia de Dios.
3.- Si recorremos nuestra vida podemos reconocer de cuantas cosas nos ha curado el Señor, de cuantas esclavitudes nos ha liberado, cuantas veces nos ha levantado de nuestras caídas, nuestros desánimos, nuestras tristezas, nuestra falta de esperanza…
Cuántas veces ha tenido compasión y Misericordia de nosotros cuando nos hemos sentido solos, sin fuerzas, tristes… Y no nos ha pedido nada a cambio.
Por ello no tenemos derecho ni es justo que nos guardemos sólo para nosotros lo bueno que hemos recibido, sino que hemos de compartir y regalar a los demás lo que hemos recibido gratis.
4.- Contemplemos con los ojos de Dios el mundo y la multitud que nos rodea para que nazcan en nuestro corazón los mismos sentimientos de compasión que tiene el Corazón de Jesús.
No nos quedemos quietos sin hacer lo poco o mucho que podamos para ayudar a quienes están desorientados, cansados y agobiados. No nos cansemos de hacer el bien. Y tal como nos pide Jesús, roguemos al Dueño de la mies que nunca falten los trabajadores que se impliquen en curar tantas dolencias presentes en nuestro mundo, practicando la Misericordia y dando gratis lo que hemos recibido gratis.