DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 16 de Julio de 2023
REFLEXIÓN
1.- A pesar de que la parábola que nos propone el Evangelio de hoy nos es muy conocida, es bueno que volvamos a reflexionar sobre su significado y su incidencia en nuestra vida.
++ El Sembrador es Jesús y la simiente es su Palabra. Una simiente que esparce a manos llenas en todos los rincones del mundo, sin preocuparse de dónde va a caer, a través de los sembradores que le ayudan: Los sacerdotes, misioneros, religiosos, catequistas, padres de familia…
++ Una parte de esa simiente cae en la tierra dura y reseca de los corazones que cierran los oídos, no escuchan ni quieren escuchar diciendo: Es lo de siempre. Esto ya me lo sé, no me interesa. La Palabra resbala como resbala el agua sobre la piedra y la tierra dura, sin dejar ninguna huella. Y la simiente se pierde.
++ Otra parte de la simiente cae sobre un terreno pedregoso. La Palabra es recibida con gusto, pero no echa raíces. Son aquellos que llevan una vida superficial, vacía de sentido, carente de proyectos y metas que valgan la pena. La pereza, la comodidad, la falta de reflexión, el no prestar atención más que a lo inmediato y fácil, hacen que la semilla se seque pronto y no llegue a brotar
++ Hay una parte de la simiente que cae en esos corazones que la escuchan con atención y con interés, pero que las pasiones, los quehaceres de la vida, la personalidad débil, el afán por el dinero, por tener poder y estar por encima de los demás, el interés prioritario por disfrutar, por el placer.
El dejarse arrastrar por el entorno, los malos ejemplos. El deseo de obtener resultados inmediatos, la falta de esfuerzo y la inconstancia, impiden que los brotes no lleguen a crecer lo suficiente para dar fruto, se sequen y queden estériles. Los buenos deseos de un principio se quedarán en nada.
++ Por último hay una parte de la simiente que cae en tierra buena, en esos corazones que son una tierra esponjosa, sin pedruscos que impidan que sea acogida. La aceptan con interés, la reflexionan, la interiorizan pensando cómo pueden ponerla en práctica.
La cuidan y la riegan con la oración y los sacramentos, la protegen de quienes la pueden arrancar o robar y esperan pacientemente que vaya dando fruto a su debido tiempo, porque cada uno tenemos nuestro ritmo de crecimiento.
Unas veces dará el treinta, o el sesenta, o el ciento por uno, según las cualidades y las circunstancias personales, pero llenará de alegría el corazón de quien ha acogido la siembra como un regalo que va transformando su vida y dando un fruto del que también podrán disfrutar los demás.
2.- Hoy el Señor está sembrando en nosotros su Palabra. Pensemos un momento:
+¿Cómo acojo la Palabra que el Señor siembra cada día con abundancia en mi corazón?
+¿La medito, procuro pensar cómo ponerla en práctica? ¿Qué hay en mi corazón que lo impide?
+¿Procuro cuidarla con la oración y los sacramentos ?
+¿Tengo paciencia para que vaya poco a poco dando sus frutos sin cansarme ni desanimarme?