DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 30 de Julio de 2023
REFLEXIÓN
1.-Hoy el Evangelio nos vuelve a proponer unas parábolas para nuestra reflexión y pensar qué nos dice a cada uno la Palabra de Dios.
+Un agricultor y un comerciante que, con gran sorpresa, encuentran un tesoro y una perla de gran valor.
+Dada la importancia de lo que han encontrado, no dudan ni un momento en arriesgarse, venderlo todo, y comprar lo que han encontrado para no perderlo, poseerlo y que nadie se lo quite.
+A partir de ese momento toda su vida cambiará para siempre.
Y Jesús añade: Así es el Reino de los cielos.
¿Habéis entendido todo esto?
2.- Al igual que los discípulos, quizá tampoco nosotros lo hemos entendido. Somos como niños malcriados. Estamos tan acostumbrados a tenerlo todo, a poseer ese Gran Tesoro que es el Amor de Dios, que Él nos llame sus Hijos amados y preferidos, que podemos acudir a Él cuando lo necesitamos… que nuestra vida de cristianos se convierte en rutinaria, monótona, con poco atractivo porque nos limitamos a cumplir…hasta el punto que buscamos otros tesoros.
+Ponemos como centro de nuestro corazón a muchas personas: familia, amigos, compañeros de trabajo… con el riesgo de que en algún momento nos defrauden y nos dejen el corazón vacío.
+Las riquezas y los bienes materiales, como si nos dieran toda la seguridad y la felicidad que deseamos, olvidándonos de que los podemos perder.
+Damos mucha importancia a Ser famosos, admirados, tener prestigio, ser centro de atención teniendo mucho protagonismo…
+Buscamos y deseamos La fiesta, la diversión, el placer, disfrutar de la vida sin poner límites…
Muchos tesoros que realmente son baratijas, que no nos ofrecen esa alegría que dura para siempre y que tanto necesitamos.
3.- Nos es más fácil dejarnos llevar por lo cómodo, por la pereza, por la seguridad, no salir de nuestro espacio de confort, no arriesgarnos a dejar a un lado muchas cosas que no nos satisfacen pero por las que estamos atrapados. Cosas que nos paralizan y que son un obstáculo o un freno que nos impiden crecer en nuestra vida espiritual, en que el Amor de Dios y el amor a los demás estén en el centro de nuestro corazón y de nuestra vida, experimentando esa alegría que sólo el Señor nos puede dar.
Y Jesús nos vuelve a preguntar: ¿Habéis entendido todo esto?
4.- Pongamos nombre a cada uno de esos tesoros, baratijas que ocupan nuestro corazón, que no dejan espacio para Dios, y paralizan nuestro crecimiento espiritual.
Preguntémonos: ¿Qué estoy dispuesto a dejar a un lado, para que el verdadero Tesoro que poseo ocupe el centro de mi corazón? ¿Para ser feliz amando a los demás como Dios me ama colaborando así a que el mundo sea mejor?
Seamos valientes y sinceros al responder a estas preguntas, enfrentándonos con nosotros mismos, no sea que el Señor nos diga: No habéis entendido nada.