DOMINGO XXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 10 de septiembre de 2023
REFLEXIÓN
1.- Comenzamos la celebración en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es decir: La comenzamos en el nombre del Señor. Él dijo: “Cuando dos o tres están reunidos en mi nombre, estoy Yo en medio de ellos”, por eso cada vez que nos reunimos en su nombre para rezar, sobre todo para celebrar la Eucaristía, está presente entre nosotros desde el comienzo.
Su palabra es una Palabra viva que nos dirige a cada uno directamente al corazón, y todo lo que quiere decirnos hoy lo resume muy bien S. Pablo:
“Amad a los demás como a vosotros mismos”
“No debáis a nadie nada más que amor mútuo”.
2.- Lo primero que hemos de hacer es “amarnos a nosotros mismos”, porque si no no es así, no podemos amar a los demás.
Amarnos a nosotros mismos no es ser egoístas. El egoísmo es querer que todos nos amen y ser nosotros el centro de atención. Amarnos a nosotros mismos es reconocer todo lo bueno que hay en nosotros y que hemos recibido como dones de Dios:
++La vida que hemos de cuidar y proteger.
++Las cualidades que tenemos para desarrollarlas y ponerlas al servicio de los demás.
++Las personas que nos quieren y a las que queremos tratando a los demás como nos gusta que nos traten a nosotros: con comprensión, paciencia, misericordia…
+Es también reconocer nuestras debilidades, nuestros defectos, nuestras equivocaciones, para poderlas corregir, apartarlas de nuestra vida y poder mejorar.
+Es pedir ayuda a los demás para que nos ayuden a conocernos mejor, que nos corrijan y tener los apoyos y la ayuda que necesitamos para poder cambiar.
3.- Todo eso que queremos para nosotros hemos de ofrecerlo a los demás.
++Reconocer todo lo bueno que hay en cada uno y no ver sólo lo feo y lo que no nos gusta
++Ayudarles a que descubran sus propias cualidades, las aprovechen y las puedan poner al servicio de los demás.
++Tratarlos con bondad, con paciencia y con misericordia, evitando las críticas, sobre todo si son a sus espaldas, porque pueden dañar su imagen, las humillaciones, los desprecios, todo lo que les puede dañar y ofender…
++Corregir con bondad y discreción, y si es necesario con ayuda de alguien más, para que se den cuenta de lo que han de corregir y pueden mejorar.
4.- Todos somos hermanos porque formamos parte de la Gran Familia de los Hijos de Dios, por eso, las palabras del profeta Ezequiel que hemos escuchado en la primera lectura, pueden estar dirigidas también a nosotros:
“Si corriges a alguien para que cambie y no te hace caso, lo malo que haga es cosa suya, es él el culpable y tú habrás hecho las cosas bien. Pero si tu no le corriges por miedo o cobardía, también serás responsable de su mal comportamiento y de eso tendrás que dar cuentas al Señor”
5.- Jesús también nos dice hoy: “Si dos de vosotros se ponen de acuerdo para pedir algo, se lo dará mi Padre". Confiando en esa promesa del Señor pidámosle tener un corazón semejante al Suyo para poder amar a los demás como Él nos ama.