DOMINGO XXVI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 01 de Octubre de 2023
REFLEXIÓN
1.- Este pasaje del evangelio nos invita a hacer una doble reflexión.
En primer lugar preguntarnos si vivimos en la verdad o somos hipócritas
El primero de los hijos, que parece desobediente y contestón, es capaz de reflexionar, mirar en su interior, darse cuenta de lo que ha hecho mal, ser humilde, cambiar de actitud y hacer lo que su padre le pide. Aunque no lo parezca se comporta como un buen hijo.
El segundo hijo, que parece bueno y obediente, sigue con su actitud egoísta, encerrado en sus cosas y le da igual lo que le pide o necesita su padre. No es capaz de reflexionar, de mirar en su interior, ser humilde, y darse cuenta de que debe cambiar de actitud y de comportamiento. No se porta como un buen hijo aunque parezca lo contrario.
En ambos comportamientos las apariencias engañan. Jesús quiere denunciar la hipocresía y la falsedad de quienes se consideraban buenos pero llevaban una doble vida: Lo que aparentaban no era su comportamiento habitual, no era la verdad de cómo vivían.
Quizá también el Señor está denunciando que nosotros no siempre vivimos en la verdad, que podemos ser hipócritas porque ponemos mucho interés en guardar las apariencias, en preocuparnos de que piensen bien de nosotros, pero que nuestro corazón no es limpio ni transparente y está bastante lejos de Él.
2.- La segunda reflexión me la sugiere la dura afirmación de Jesús de que los "publicanos y prostitutas nos llevan la delantera en el Reino de los cielos".
Porque su vida era pública, conocida por todos, ninguno de ellos podía ocultar que eran pecadores. Pero Jesús, que conoce los corazones, sabe que han escuchado las palabras de Juan y las Suyas, las han tomado en serio y han decidido convertirse, rectificar, hacer las cosas bien, cambiar de vida, acercarse a Dios.
Nosotros, porque nos consideramos buenos, tenemos una enorme facilidad de juzgar y condenar…no sólo a quienes se les puede considerar pecadores públicos, sino también entre nosotros porque continuamente practicamos la maledicencia, la crítica, el juicio temerario y sin fundamento, hasta el punto de que se puede convertir en calumnia…y lo hacemos con tanta ligereza que no pensamos que muchas veces las apariencias engañan y nos podemos equivocar.
Por eso puede ser que aquellos a quienes criticamos y juzgamos, tengan mejor corazón que nosotros, estén más cerca del Señor y nos lleven la delantera en el Reino de los cielos. Hemos de escuchar al Señor y preguntarnos qué debemos cambiar.
3.- Que el Señor nos ayude a vivir en la verdad apartando de nosotros toda hipocresía y a corregir nuestra costumbre de criticar y juzgar con tanta facilidad.