DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 24 de Septiembre de 2023
REFLEXIÓN
1.- El propietario de la Viña de la que habla el Evangelio, es el Señor. La Viña es el mundo…El trabajo es sembrar la semilla del Amor, cuidarla y protegerla para que dé frutos abundantes. En ese negocio siempre hay trabajo, hay sitio para todos y tareas tan diversas que todos pueden encontrar su lugar.
El Señor viene a nuestro encuentro en cualquier momento de nuestra vida y nos llama a trabajar en su Viña. Hemos de estar atentos porque no sabemos cuándo lo hará. A unos nos puede llamar a la primera hora, a otros avanzada la jornada, a otros en el ocaso de nuestra vida… cuando nos parece que el Señor ya no vendrá o pasará de largo.
La sorpresa es que, cuando llegue el momento, a todos nos pagará el mismo salario porque el Señor siempre es más generoso de lo que esperamos. Nos regalará…
+La alegría de poder trabajar con Él y para Él, de participar en la apasionante tarea de construir un mundo mejor y hacer felices a los demás.
+De atender y acompañar a los que sufren y se sienten solos, de hacer sonreír a los tristes y llenar de esperanza el corazón de los desanimados.
+De que todos sepan que son afortunados porque forman parte de la Gran Familia de los Hijos Dios.
Para Dios no importan los méritos, ni la lista de diplomas y premios que cada uno acumule en el expediente de su vida. Al Señor le basta la dedicación, la entrega, la generosidad, la ilusión y el entusiasmo con el que se trabaja. Sólo le importa que hagamos las cosas bien y con el corazón.
2.- Que triste es contemplar un mundo en el que las cosas no son así, en el que tiene prioridad el egoísmo, el propio interés, el deseo de estar por encima de los demás cueste lo que cueste, aunque todo eso genere envidias, enfrentamientos, injusticias, violencia, sufrimiento.
Un mundo en el que todo se compra y se vende, todo tiene un precio, en el que todo se hace por algún interés que se procura ocultar y en el que no tiene cabida lo que se hace gratis, porque sí, porque hace feliz al otro y ayuda a su bienestar
Este no es el mundo que Dios soñó cuando lo creó ni es la tarea que nos encomienda. En los planes de Dios no caben la envidia, la crítica, la injusticia, el desprecio. En los planes de Dios sólo tiene cabida el Amor desinteresado, gratuito y desbordante.
3.- Escuchemos al Señor que hoy nos pregunta: ¿Qué hacéis ahí parados? Pensemos qué tarea podemos realizar, en qué podemos colaborar, qué podemos aportar para sembrar las semillas del mensaje del Evangelio, para que sean cada día más los que conozcan, amen y sigan a Jesús, y se incorporen a trabajar en esta Viña que el Señor tanto ama y que ha puesto en nuestras manos.
Pensemos qué cosas concretas podemos hacer en nuestro entorno, en los ambientes en los que nos movemos, para que nuestro mundo sea mejor y la gente más feliz.