DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 15 de Octubre de 2023
REFLEXIÓN
1.- Al igual que el domingo pasado esta parábola nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre varias cosas.
+LA IGLESIA ha sido enviada a anunciar el Mensaje de la Salvación y recordarnos que ese es un Banquete al que todos estamos invitados.
Unos aceptamos con alegría esa invitación porque nos sentimos amados por el Señor. Otros ponemos excusas porque no queremos participar, no nos interesa o nos es indiferente.
El Señor se siente decepcionado porque los que se consideran sus amigos no aceptan la invitación a ese Banquete que ha preparado con tanto cariño, o nos comportamos como si hiciéramos las cosas por cumplir, por quedar bien y no como sus amigos de verdad.
+La Iglesia no puede conformarse con permanecer en su espacio de confort porque son muchos los que se llaman cristianos pero no viven como tales, y porque también son muchos los que no saben que están invitados.
Tiene que salir a las encrucijadas de la vida, a los lugares en donde están los excluidos, los marginados, los olvidados, los que no han oído hablar de Jesús y de su mensaje, o quienes no entienden lo que significa el regalo de la Salvación, para invitarles al Banquete, para que se sepan y se sientan amados de Dios porque la salvación es para todos sin diferencias ni distinción.
Ese es el reto de la Iglesia en el mundo y la gente de hoy que se empeña en vivir de espaldas a Dios no dejando que tenga algo que ver en sus vidas.
2.- El BANQUETE también es el SÍMBOLO DE LA EUCARISTÍA.
+Jesús se reunió con sus amigos para celebrar La Cena de la Pascua. Y en ese contexto tuvo un gesto especialmente llamativo que a los discípulos les costó entender:
Tomó el PAN, lo partió, lo repartió y les dijo: TOMAD Y COMED, ES MI CUERPO, y lo mismo hizo con el vino: TOMAD Y BEBED, ES MI SANGRE derramada por vosotros.
Y les dio un MANDATO: Haced esto en memoria mía.
+El Señor nos invita cada día, sobre todo los Domingos, a celebrar y participar en el BANQUETE de la Eucaristía para alimentarnos con su Pan y su Sangre, que es Él mismo entregado hasta la muerte por Amor, hacerse una misma cosa con nosotros y hacernos participar de su misma Vida, de modo que todo en nosotros sea presencia Suya.
3.- Ante la invitación de participar en su Banquete, muchas veces también ponemos excusas como aquellos invitados al banquete de bodas del Hijo del Rey. Excusas cargadas de comodidad y egoísmo: Tengo muchas cosas que hacer, no tengo tiempo, he de dedicar tiempo a mi familia y a mis amistades, tengo necesidad de descansar…
Otras veces no nos preocupamos por llevar un vestido de fiesta. Nuestro corazón no está limpio, nuestra actitud es sólo asistir para tener la conciencia tranquila y poder decir que hemos cumplido, otras veces estamos distraídos, hablamos con el que está a nuestro lado… y nuestra participación es superficial y rutinaria.
Quizá si tenemos esa actitud y ese comportamiento, el Señor nos puede decir lo mismo que a aquel invitado de la parábola: Márchate fuera, así más valdría que no hubieras venido.
4.- Hagamos siempre el esfuerzo de celebrar la Eucaristía como espera el Señor para no perder la alegría de participar de la Salvación y estar llenos del Amor y la fortaleza que constantemente necesitamos.