DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 12 de Noviembre de 2023
REFLEXIÓN
1.- La parábola de hoy nos cuenta la historia de un hombre muy rico que ha de irse de viaje y confía la administración de todos sus bienes al cuidado de sus trabajadores.
A cada uno le encomienda una tarea distinta según sus capacidades y a su regreso les pide cuentas de cómo han realizado el trabajo que se les había encargado.
2.- Con esta parábola Jesús nos recuerda que El Dueño de todos los bienes es Dios, los trabajadores somos nosotros, la tarea que nos encomienda, según nuestras capacidades, es la construcción de Su Reino, y a su regreso nos pedirá cuentas de cómo hemos administrado sus bienes y qué frutos han dado. Por eso:
+Debemos preguntarnos cuáles y cuántos dones hemos recibido y cuáles son nuestras capacidades.
+Dios ha puesto en nuestras manos todos sus bienes: la Naturaleza que hemos de cuidar y aprovechar, la familia, los amigos, las posibilidades de estudiar, trabajar, crear empleo, participar en la construcción de un mundo mejor en el que esté presente el amor y la solidaridad…
+Nos ha hecho libres, nos ha creado a Su Imagen, nos ha regalado la fe, la gracia de ser y vivir como hijos suyos y hermanos de todos los hombres, las oportunidades de estar unidos a Él, vivir como Él vivió, como Él se comportó…cuidar nuestra amistad y nuestra relación con Él…
¿Qué hemos hecho con tantos bienes? ¿Cómo los hemos administrado?
3.- Es necesario hacer una revisión de nuestra vida delante del Señor:
+Hemos de pensar sí reconocemos los dones que hemos recibido y que nuestra tarea es estar comprometidos en la construcción del Reino de Dios utilizando y haciendo que den fruto todos los que he recibido.
+Hemos de preguntarnos si somos como ese empleado que por miedo o por pereza ha escondido los dones recibidos, no ha querido complicarse la vida, ni arriesgarse, ni trabajar en la construcción del Reino. No ha querido comprometerse en la tarea de que el mundo sea mejor, llevando una vida cómoda y fácil, echando las culpas a los demás de las cosas que van mal.
+Cuando nos confesamos pedimos perdón de las cosas que hemos hecho mal, pero olvidamos con mucha frecuencia confesar los pecados de omisión, el haber dejado de hacer lo que debemos, no asumiendo la responsabilidad de que la tarea que no hemos realizado siempre se quedará por hacer, porque el miedo y la pereza nos paralizan y nos impiden dar los frutos que Dios espera.
4.- Pidamos al Señor en la Eucaristía que nos ilumine para reconocer los dones que hemos recibido, que nos ayude a superar el miedo, la comodidad, la cobardía, la pereza, los pecados de omisión que nos impiden trabajar en la construcción del Reino de Dios.
Pidamos también al Espíritu Santo que renueve en nosotros el entusiasmo y la ilusión de poder colaborar con todos los que con buen corazón y buena voluntad, sueñan y trabajan por conseguir que sea una realidad el mundo que Dios quiere.