DOMINGO I DEL TIEMPO DE ADVIENTO CICLO B
Domingo 26 de Noviembre de 2023
REFLEXIÓN
1.- La Iglesia comienza el Año Litúrgico cuatro domingos antes de la fiesta del Nacimiento de Jesús, como tiempo de preparación para celebrar el acontecimiento en el que Dios cumple de manera definitiva la Promesa de Salvación que hizo a los hombres después del primer pecado.
2.- Lo comienza con una llamada de atención: ¡VELAD, ESTAD DESPIERTOS!
+Sólo el que está despierto puede mirar más allá de su espacio de confort y contemplar con dolor la realidad de un mundo que vamos rompiendo entre todos, envuelto en la oscuridad, la muerte y la desesperanza a causa de nuestro pecado.
+Sólo el que está despierto puede escuchar a Dios que nos hace ver cuáles y cuántos son nuestros pecados, las culpas que nos roban la alegría y la esperanza porque no invocamos su Nombre ni miramos su rostro.
+Sólo el que está despierto puede escuchar la voz del Señor que nos recuerda que sólo Él es el Salvador, porque es el alfarero que puede modelar nuestro barro transformándolo en un corazón nuevo.
+Sólo el que está despierto y vigilante puede descubrir el camino que ha de seguir para hacer un mundo nuevo, fortalecer la fe y recuperar la esperanza.
3.- Con mucha frecuencia nos pesa la vida, el sufrimiento, los problemas que no sabemos cómo resolver. La oscuridad que nos envuelve y de la que no sabemos salir. Por eso podemos hacer nuestra la súplica del profeta Isaías.
¿Cuándo vendrás, Señor? ¡Ojalá rasgases el cielo y descendieses! porque sólo Tú nos puedes salvar.
O como hemos repetido en el Salmo: Oh Dios, restáuranos, que brille tu rostro y nos salve.
4.- El Adviento es tiempo de conversión, de volver a poner nuestra mirada en el rostro de Dios, de oración que refuerce nuestra fe. Es un tiempo de espera y de esperanza..
Es una invitación a no estar dormidos, a preparar nuestra vida, nuestra casa, nuestra familia de tal manera que podamos celebrar el Nacimiento de Jesús no como paganos, dejándonos arrastrar por el ambiente materialista y hedonista que nos rodea, sino con la alegría de haber preparado convenientemente el lugar que debe ocupar Jesús en nosotros y en nuestra vida.