FIESTA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA
Viernes 8 de Diciembre de 2023
REFLEXIÓN
1.- Las lecturas que hemos leído en esta fiesta de María Inmaculada nos hacen poner los ojos en el comienzo de la historia del hombre, que, como nos recuerda la segunda lectura, Dios lo bendijo con toda clase de bienes espirituales para que, tal como tenía en su mente, fuera santo e irreprochable hijo de Dios.
Pero con la soberbia y la intención de ser como Dios, el hombre le vuelve la espalda, le desobedece, destruye todos los bienes que ha recibido y todo lo que estaba en la mente de Dios cuando lo creó, eligiendo el camino de vivir de espaldas a Dios y no obedecerle.
Dios, que lo ama porque lo ha creado a su imagen y semejanza, quiere ayudarle a restaurar y recuperar todo lo que había perdido, y promete enviarle un Salvador.
2.- El gran problema del hombre, desde los comienzos de la historia, es que no quiere reconocer su pecado, ni asumir su responsabilidad y echa las culpas a los demás: la mujer echa las culpas a la serpiente, el hombre las echa a la mujer…
Piensa que si se oculta, Dios no se dará cuenta. Y se olvida de que para Dios toda nuestra vida está ante su mirada. Por eso, ante la pregunta de Dios: “¿Dónde estás?” pone en evidencia su cobardía: “Tuve miedo, por eso me escondí”
A pesar de los siglos transcurridos, los hombres seguimos siendo igual. Queremos ser dioses, tenemos miedo de enfrentarnos a nuestro pecado, a nuestras culpas, a nuestra irresponsabilidad, al daño que nos hacemos y a todo lo que destrozamos, nos escondemos de Dios, echamos la culpa a los demás de lo que hacemos mal y no dejamos que Él sea nuestro Salvador.
3.- En contraste absoluto con nuestra manera de ser y comportarnos, aparece ante nuestro ojos la persona de María:
Una mujer de mirada limpia, de corazón transparente, con las puertas abiertas a que Dios ocupe la totalidad de su corazón y de su vida.
En nombre de Dios el Ángel la llama “la llena de gracia, la poseída totalmente por Dios”.
Respetando su absoluta libertad Dios le pide permiso a María para ser el instrumento del que necesita valerse para hacerse pequeño como un niño, compartir la historia de la humanidad y poder así restaurar lo que el pecado había roto y destruido.
María se reconoce pequeña ante la grandeza de Dios diciendo: “Cómo será esto?” Con humildad está dispuesta a obedecer. Y con la sonrisa y la confianza de saberse amada por Dios le responde: “Aquí estoy. Haz de mí lo que quieras”.
4. Aprendamos de María a ser limpios de corazón, a tener el corazón abierto para que Dios nos llene de su Amor, a no escondernos de su mirada y a decirle: “Aquí estoy. Haz de mí lo que quieras,” estando dispuestos a ser instrumentos en las manos de Dios para que la Salvación llegue a todos ojos hombres en todos los rincones de la tierra.