DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 14 de Enero 2024
REFLEXIÓN
1.- Juan Bautista anunciaba la llegada del Mesías y mantenía viva la expectativa de su presencia en todos los que le escuchaban.
Fijándose en Jesús que pasaba por allí lo señala diciendo: “Este es el Cordero de Dios”. Dos discípulos que escucharon a Juan siguen a Jesús… y Jesús, dándose cuenta de que le seguían, se gira y les pregunta: “Qué buscáis”... El diálogo termina con una invitación: “Venid y veréis”.
++Aquellos discípulos aceptan la invitación, pasan todo el día con Jesús, y esa experiencia les marca tanto que se sintieron atrapados por Él, su vida cambió totalmente y decidieron seguirle dejándolo todo.
++Andrés, que era uno de aquellos discípulos, va en busca de su hermano Simón para comunicarle que han encontrado al Mesías, lo lleva a Jesús. Jesús le cambia el nombre: “Te llamarás Ceffas (Piedra)” como signo de que ese encuentro también cambiará absolutamente su vida…
++Juan es el instrumento del que se sirve Jesús para comenzar a llamar a aquellos hombres que formarían parte del grupo de los que eligió para estar con Él y ayudarle.
2.- Todas las personas deseamos ser felices y buscamos la manera de alcanzarlo. Pero: ¿Qué buscamos? ¿Dónde buscamos?
++Estamos rodeados de tantas voces, de tantas propuestas para ser felices, con tanto ruido porque todos pretenden que elijamos su propuesta, que nos cuesta mucho escuchar la Voz de Jesús que nos hace la misma pregunta y la misma invitación.
¿Qué buscáis? Venid y veréis”
++A veces esa Voz la encontramos en nuestro interior, otras veces, la escuchamos por medio de personas que nos invitan a estar con Jesús participando en una Oración, una Eucaristía, una reunión, una convivencia…
No siempre nos damos cuenta de que es la voz del Señor, o preferimos no escuchar porque tenemos miedo de encontrarnos con Él porque no está de moda ser cristiano, o nos asusta lo que nos puede pedir.
Tenemos miedo de tener que cambiar dejando a un lado muchas cosas a las que estamos enganchados y que no nos hacen felices de verdad porque esa felicidad nos deja vacíos, tristes, y no terminamos de convencernos de que vale la pena arriesgarnos.
3.- Necesitamos tener la misma actitud que Samuel, ponernos delante del Señor con humildad y decirle: “Habla, Señor, que tu siervo escucha”.
Nos hace falta silencio para escuchar, tiempo para estar con Él, reconocer su Voz, conocerle más y sentirnos atrapados por su Amor, amarle con todo el corazón y estar dispuestos a cambiar en nuestra vida todo lo que sea necesario, aunque nos cueste esfuerzo y sacrificio, para encontrar lo que nos hace verdaderamente felices y ser intermediarios, instrumentos en sus manos para que otros quieran conocerle, amarle y seguirle como lo intentamos nosotros.
Ese sería el comienzo del camino que hemos de recorrer para darnos cuenta de que la verdadera felicidad nos la da el Señor cuando nos decidimos a amarle, a seguirle y a dejarnos amar por Él.