DOMINGO DE RESURRECCIÓN CICLO B
Domingo 31 de Marzo de 2024
REFLEXIÓN
1.- Después de haber vivido la experiencia de la muerte de Jesús, los discípulos estaban hundidos por la sensación de fracaso, de tristeza por haber perdido al amigo, desorientados porque no sabían qué hacer, paralizados por el miedo.
Las mujeres, las primeras que habían ido al Sepulcro, les llevan la Buena Noticia de que el Sepulcro está vacío, que Jesús ha resucitado, que está vivo. Y ese anuncio fue para todos una explosión de alegría y entusiasmo.
Recuperaron los ánimos y la esperanza, se fortaleció su fe y la seguridad de que Jesús cumplía su palabra y sintieron la urgente necesidad de contarlo a los demás.
2.- Hay veces que nosotros también nos encontramos desanimados y tristes, se debilita nuestra fe y nuestra esperanza, nos parece que estamos siempre igual, que no avanzamos, que no mejoramos y estamos estancados.
Precisamente por eso, cada Pascua, cada día, la Iglesia grita con fuerza que Jesús ha resucitado, que vive, que está entre nosotros, que camina a nuestro lado y no nos deja solos.
Si abrimos nuestro corazón a su presencia, si nos dejamos amar, si nos dejamos cuidar y envolver por su misericordia, el Señor nos irá transformando y renovando, nos irá resucitando, llenando de luz nuestra vida y hará que también seamos luz y alegría para los demás.
3.-A pesar de que la Iglesia es perseguida en tantos países, que intentan destruirla, que muchos cristianos son martirizados por ser fieles a su fe, el mundo necesita de Jesús resucitado y de nosotros, de nuestra vida llena de alegría y esperanza, de nuestras obras de bondad, de misericordia, de perdón y de paz.
Hemos de hacer visible el Amor y la Vida Nueva que nos regala Jesús. Y hemos de hacer creíble que es posible un mundo nuevo, un mundo mejor, un mundo en el que esté presente la justicia, el amor y la paz.
4.- No confiemos en nuestras fuerzas ni en los medios materiales de que disponemos. Confiemos sólo en el Señor; en que su resurrección, que es el triunfo sobre sus enemigos, el pecado y la muerte, es también el triunfo sobre toda clase de mal que hay en el mundo.
Confiemos en que, si nos dejamos resucitar y renovar, podremos ser constructores de un mundo nuevo siendo portadores de la Vida Nueva de Jesús Resucitado.
Nuestro mundo necesita con urgencia no sólo un mensaje de vida y esperanza sino, sobre todo, de signos visibles de que esa vida y esa esperanza son una realidad. Y de esos signos, de ese testimonio, somos portadores nosotros.
Pidamos al Señor que la alegría con la que celebramos la Resurrección de Jesús permanezca siempre en nosotros y nos anime a vivir cada día como verdaderos discípulos suyos.