VIERNES SANTO CICLO B
Viernes 29 de Marzo de 2024
REFLEXIÓN
1.- En la celebración de hoy debemos, sobre todo, contemplar a Jesús crucificado.
Nuestros ojos encuentran un hombre maltratado, destrozado, humillado, a quien han escupido, azotado, objeto de toda clase de burlas y desprecios. Lo han dejado desnudo, le han despojado de todo incluso de su dignidad.
Lo han dejado solo, todos han huido y le han abandonado. Y Él siente la angustia de su radical soledad, incluso de Dios, manifestada en ese grito estremecedor: ¡¡Padre, Por qué me has abandonado!!
Jesús crucificado es la expresión máxima de la gravedad de los pecados de la humanidad, de nuestros pecados, cargando sobre sus espaldas la pesada cruz de nuestro desamor, porque también cada uno de nosotros somos capaces de despreciar a Dios, insultarle, acusarle y hacerle culpable de todos nuestros males. Los hombres, nosotros, somos capaces de “matar a Dios”.
2.- Mirándole vemos también a todos los crucificados de este mundo, destrozados por una violencia gratuita y sin sentido, humillados, despreciados, maltratados, por la ambición, la codicia, la mentira, el vicio. las injusticias. Se les ha robado todo y despojado de todo incluso de su dignidad. Se les ha dejado desnudos a la vista de todos, cargando con la pesada cruz de nuestro corazón duro, insensible, deshumanizado.
Que nos dirigen una mirada que nos penetra hasta lo más íntimo, nos señalan con su dedo acusador y nos gritan quizá con su silencio: ¡¡Por qué nos habéis abandonado!! Y tú, ¡¡¿por qué me has abandonado?!! Haciendo que nos sintamos acusados y avergonzados porque, de alguna manera, también todos somos responsables de tanto sufrimiento, de tanta marginación, de tanta humillación, de tanta soledad, de tanto dolor, de tanta muerte.
Nos encontramos con personas que esperan que les ayudemos a llevar la pesada cruz con que caminan por la vida porque solos no pueden más y suplican que aliviemos su sufrimiento.
3.- Contemplando a Jesús crucificado como un malhechor peligroso, junto a otros delincuentes, también podemos ver y escuchar el grito de Amor más grande jamás imaginado: ¡Padre, perdónalos! ¡No saben lo que hacen! ¡ No sabes la gravedad de lo que haces, no sabes cuántas veces estoy dispuesto a perdonarte. ¡No pierdas la esperanza! ¡Hoy estarás conmigo en el Paraíso!
Podemos sentirnos amados y perdonados por un Dios cuyo Amor no tiene límites.
4.- No dejemos de contemplar la cruz. No dejemos de reflexionar sobre lo injustos que somos olvidando y despreciando tantas muestras de amor de Dios hacia nosotros. No dejemos de reflexionar sobre el daño que hacemos a los demás, sobre lo poco que amamos de verdad.
Escuchemos la voz de Jesús crucificado que nos grita al corazón: ¡¡Os amo, os perdono!!. Y al sabernos amados con un amor infinito seamos agradecidos y sintamos la necesidad de pedir perdón, de amar y perdonar como Jesús hace con nosotros.