DOMINGO IV DE PASCUA CICLO B
Domingo 21 de Abril de 2024
REFLEXIÓN
1.- La parábola del Buen Pastor que expone Jesús nos propone varias cosas importantes:
En primer lugar, el rebaño nos sugiere la imagen de unidad, una unidad apretada en la que las ovejas se apoyan las unas a las otras para que ninguna se quede atrás ni se pierda y caminen juntas en la misma dirección. Ese rebaño es la Iglesia y esa es la unidad que quiere Jesús para sus discípulos, para sus comunidades, para la Iglesia. Y esa es la unidad que muchas veces falta.
A lo largo de la historia, incluso en las primeras comunidades, se ha roto esa unidad, a veces de forma radical, por cuestiones diversas; y ahora también podemos constatar una falta de unidad en la Iglesia y en nuestras comunidades porque se ponen de manifiesto maneras distintas de vivir y de proponer el Evangelio con la pretensión de que cada una es la mejor, la auténtica.
¿Por qué se rompe la unidad? Porque hay demasiadas ambiciones personales, deseos de poder, de protagonismo, de empeño por tener siempre la razón, de que yo lo hago mejor porque estoy mejor preparado, tengo más cualidades... Un empeño que se quiere mantener por todos los medios, aunque sean medios poco limpios, engañosos, ofensivos. En definitiva, por falta de amor, de espíritu de servicio, y de humildad.
2.- Jesús es el único Buen Pastor que conoce sus ovejas, las llama por su nombre, y ellas le siguen porque le conocen, las protege, las defiende, las guía por el camino adecuado, está dispuesto a dar la vida por sus ovejas para que ningún lobo ni ningún pastor asalariado las robe y las disperse.
Encargó a Pedro y a los Apóstoles ser los pastores de su rebaño, mantener unidos a los discípulos, encaminarlos por senderos rectos, alimentarlos en los pastos verdes y con el agua fresca de su Palabra, de la Eucaristía, de los Sacramentos.
De alguna manera todos somos pastores. Los sacerdotes, los religiosos,los misioneros, pero también los padres de familia, los catequistas, los educadores cristianos… Tenemos la misma responsabilidad, aunque en ámbitos y con tareas distintas. Y todos nos hemos de preguntar si ponemos interés y esfuerzo en ser buenos pastores, en ser pastores según el ejemplo de Jesús.
3.-En cuanto a la misión de pastorear, los sacerdotes tenemos una especial responsabilidad. En nuestra sociedad hacen falta sacerdotes, hacen falta jóvenes o no tan jóvenes que escuchen la llamada del Señor y estén dispuestos a responder que SI para estar al servicio de las distintas comunidades. Pero sobre todo hacen falta sabios y santos sacerdotes, capaces de anunciar el Evangelio en cualquier rincón del mundo con un lenguaje nuevo y dar respuesta a los muchos interrogantes y las difíciles cuestiones que se plantean.
Por eso hoy celebra la Iglesia la Jornada Mundial de Oración por las vocaciones. No nos olvidemos de rezar cada día para que haya más sacerdotes y religiosos, pero también para que cada día sean más los matrimonios, catequistas, educadores, voluntarios… que se planteen su vida como una vocación y como una respuesta a lo que les pide el Señor al servicio del anuncio del Evangelio y de la construcción de su Reino.