DOMINGO XIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 30 de Junio de 2024
REFLEXIÓN
Forma parte de la misión de Jesús hacer presente y cercano el rostro amoroso de Dios, y en las lecturas de hoy lo hace recordándonos que el Dios amoroso del que nos habla es el Dios de la vida.
1.- La creencia judía era que quien toca a un enfermo o a un muerto queda contaminado por ese mal y queda impuro tanto corporal como espiritualmente ya que la enfermedad y la muerte son causadas por el pecado.
Jesús no tiene miedo de acercarse, tocar y dejarse tocar. Y al curar a la mujer enferma y resucitar a la hija de Jairo, dos mujeres a las que se les escapaba la vida, Jesús proclama que Él es el Señor de la vida; que se preocupa de la salud y el bienestar de todas las personas, porque todos hemos sido creados a imagen y semejanza de Dios. Y nos recuerda que somos responsables del cuidado de nuestra vida y de toda vida porque el dueño de la vida es Dios y nosotros sólo somos administradores y cuidadores.
Sin embargo somos nosotros quienes hemos llenado el mundo de sangre y de muerte con las guerras, el terrorismo, la violencia indiscriminada, con todo tipo de agresiones y un desprecio irresponsable de la vida de los más frágiles, los más débiles, los más pequeños. Y cuando los demás necesitan de nosotros convirtiéndose en una carga, preferimos egoístamente olvidarnos de ellos, apartarlos de nuestra vida para que no nos molesten.
2.- Dos afirmaciones importantes de Jesús en este pasaje: “Tu fe te ha salvado”. “No tengas miedo. Basta que tengas fe”.
También somos responsables de la vida del alma. De esa vida, que es la Vida de Dios que se nos regaló en el Bautismo para que, al igual que Jesús, toda nuestra existencia sea una manifestación y un reflejo del rostro amoroso de Dios.
Con demasiada frecuencia no nos damos cuenta del tesoro que llevamos en nuestras manos, que son vasijas de barro, y que descuidadamente vamos perdiendo por el camino porque no nos fijamos o nos olvidamos de que ese tesoro es la misma Vida de Dios.
Esa es la fe que nos pide Jesús, la fe que nos salva, que nos quita todos los miedos, que llena nuestra vida de serenidad, de paz y de esperanza. Es la Luz de esa fe la que nos permite ver que todo cuanto ocurre en nuestra vida y en la de los demás, tiene su lado positivo, tiene algo que podemos aprender. Es esa luz la que nos permite rectificar nuestro camino si nos hemos equivocado y superar los obstáculos que vamos encontrando.
PENSEMOS en un momento de silencio
++ ¿Qué vamos a hacer para cuidar y respetar más y mejor toda la creación, nuestra vida y la vida de los demás.
++ ¿Qué podemos hacer para cuidar más y mejor nuestra fe, la vida de Dios que hemos recibido?