DOMINGO XII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 23 de Junio de 2024
REFLEXIÓN
1.- El pasaje del Evangelio que acabamos de escuchar es el reflejo de cómo es nuestra sociedad y nuestra vida.
++Estamos en un mundo convulso zarandeado por múltiples tempestades (las guerras, el hambre, las injusticias…) que nos producen la sensación de que todo se hunde, de no saber qué será de nosotros, de nuestra vida, de nuestra familia, de nuestro futuro, de sentirnos impotentes de salir a flote y superar tantas situaciones complicadas.
++Las tormentas que sufrimos cada uno por nuestras circunstancias concretas: Una enfermedad inesperada, un fracaso, problemas en el trabajo, en nuestra relación con los demás, una decepción, una traición… las críticas y los ataques de nuestro entorno, nuestras dudas, nuestra incoherencia…
++Pero sobre todo nos asusta no saber qué será de la Iglesia en esta nueva etapa de renovación, perseguida en tantos países que pretenden hacerla desaparecer, cristianos que sufren martirio, tantas ideologías que contaminan y quieren desvirtuar el mensaje de Jesús y cuestionan la forma de vivir que Jesús propone.
++Tantas tormentas en su interior provocadas por las ambiciones de poder, las envidias, los pecados de cada uno porque la Iglesia somos Todos y todos contribuimos a que se vea zarandeada desde su interior.
2.- Como les ocurrió a los discípulos, nos parece que Jesús está dormido, que permanece ajeno a nuestros problemas y nuestro sufrimiento, a que el mundo de hunda, a que la barca de la Iglesia se vea azotada por tantas olas de enorme fuerza que la hacen temblar, y le gritamos casi desesperados: ¿No te importa que nos hundamos?
Y Jesús nos responde de la misma manera que a los discípulos: ¿Por qué sois tan cobardes? ¿Aún no tenéis fe?
3.- Nuestra fe es débil. Tenemos miedo de hundirnos. Nos cuesta confiar en el Señor, dudamos de Él, de que sólo Él puede calmar las tempestades y que, aunque nos parezca que duerme y no le interesan nuestros problemas, siempre está pendiente de nosotros, no nos deja nunca solos y permanece a nuestro lado, sea cual sea la situación en que nos encontremos, aunque no nos demos cuenta.
Sólo Él puede hacer que haya calma en el mundo, en la Iglesia, en nosotros.
Gritémosle, si lo necesitamos, y digámosle que confiamos en Él, que no deje que nos hundamos, que aumente nuestra fe y nuestra confianza porque sabe cuando y como ha de hacer las cosas.
Pidamos y dejemos que se ponga al timón de la barca del mundo, de la Iglesia, de nuestra vida, para que todos lleguemos a buen puerto.