DOMINGO XVII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 28 de Julio de 2024
REFLEXIÓN
1.- La gente que seguía a Jesús no le pidió ayuda. Él tan solo miró y se dio cuenta de la necesidad de quienes le seguían. Dejó que a través de su mirada se llenara su corazón de compasión y preguntó: ¿Qué podemos hacer?
A nosotros nos basta tener los ojos abiertos para darnos cuenta de la enorme pobreza que nos rodea. Según las últimas estadísticas hay más de 780 millones de personas que viven en absoluta pobreza en el mundo. En España, según la misma estadística, en la misma situación hay 9,6 millones de personas.
¿Cuál es la causa del hambre? No es difícil de encontrar la respuesta: La codicia, actitud egoísta y avariciosa que hace que pocos acumulemos muchos y por eso a muchos les queda muy poco, la mala gestión de los gobernantes… Jesús nos hace la misma pregunta que hizo a los discípulos: “¿Qué podemos hacer?”
2.- Quizá nuestra respuesta sea la misma que le dieron los discípulos: “Sólo tenemos cinco panes y dos peces. ¿Qué es eso para dar de comer a todos?
El problema es tan grande que nos quedamos paralizados. Pensamos que no tenemos bastante dinero, que somos pocos y con pocos medios ante el montón de problemas que son consecuencia de la pobreza: El hambre, la falta de vivienda digna, la falta de escuelas y de cultura, la falta de hospitales para poder atender a los grandes problemas de salud.
Pensamos que compartiendo lo que tenemos no vamos a llegar a resolverlo. Tal vez porque pensamos que no podemos hacer nada nos quedamos quietos haciendo lo mismo de siempre.
3.- No basta el dinero para que se puedan resolver los problemas. Hace falta algo más.
+Hace falta tener un corazón compasivo y misericordioso que nos haga sensibles y sintamos como propias y nos duelan tantas carencias y tantos sufrimientos.
+Hace falta ser desprendidos, capaces de pensar que podemos vivir dignamente con menos de lo que tenemos, porque mucho de lo que tenemos nos sobra. Ser generosos y estar dispuestos a poner al servicio de los más pobres todo eso de lo que nos podemos desprender.
+Escuchar a Jesús que nos dice, como entonces: “Dadme lo que tegais”. El Señor quiere que le ayudemos. Él puede multiplicar lo poco que podemos poner en sus manos, porque es un Padre Bueno y quiere que sus hijos no mueran de hambre, y lo poco que ponemos a sus disposición lo utiliza para que a muchos les brote una sonrisa.
4.-También hay muchos que tienen hambre de Dios, hambre de Amor, de esperanza, de sentir la cercanía y la compañía del Padre Bueno que no nos deja nunca solos, aunque a veces tengamos la sensación de que se olvida de nosotros.
También PODEMOS HACER presente el Amor de Dios con nuestra bondad, nuestra diligencia en echarles una mano, nuestra actitud de escucha, nuestro interés…. porque el Amor de Dios es una de las riquezas que podemos ofrecer.
Pidamos al Señor que no seamos tacaños. Hay muchos que esperan lo poco que les podemos ofrecer.