DOMINGO XIV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 7 de Julio de 2024
REFLEXIÓN
1.- Como todos los profetas, Dios envió a Ezequiel para llamar al pueblo a reconocer sus pecados , a la conversión, a cambiar de forma de vivir y comportarse, pero le advierte: Es un pueblo rebelde, de dura cerviz, de corazón obstinado…No te harán caso, no creerán lo que dices, pero siempre sabrán que hablas en nombre del Señor.
2.- Eso mismo le ocurrió a Jesús a lo largo de los años que dedicó a predicar, especialmente en su Pueblo. Todo el colectivo le rechaza, lo conocen desde siempre, desde pequeño, allí vive su familia, por eso dudan de Él, no reconocen en sus palabras que es Dios quien les habla, que les llama a la conversión, a acoger la Salvación.
Jesús se entristece por la falta de fe de los suyos. Una falta de fe que le impide realizar milagros y manifestar con obras el rostro amoroso de Dios. Por eso les recuerda lo que había ocurrido siempre con los profetas, los enviados de Dios: Ningún profeta es bien recibido en su tierra, entre los suyos y su familia.
3.- A quienes hemos de hablar de Dios y en nombre de Dios, especialmente los sacerdotes, los catequistas, los educadores y formadores de grupos cristianos, mucha frecuencia nos ocurre como a los profetas: Sufrimos el rechazo, el desinterés, el ser cuestionados no sólo por nuestras palabras y enseñanzas sino también por nuestras obras y comportamientos.
¡Cuántas veces el mensaje de Jesús es rechazado y cuestionado diciendo que no es actual, que no se puede poner en práctica, que no conecta con la mentalidad moderna! ¡Cuántas veces es rechazado porque es una denuncia de comportamientos y valores contrarios no sólo al Evangelio sino también a la dignidad de las personas y al bienestar de la sociedad!
¡Cuántas veces el rechazo se manifiesta en un ataque personal!: Que sean ellos acogedores, generosos. ¿Por qué no son ellos los primeros en dar ejemplo?
4.- No olvidemos que el mensaje de salvación que hemos de anunciar va dirigido en primer lugar a nosotros mismos.
Al igual que Pablo, somos conscientes de que no somos perfectos, que no siempre damos buen ejemplo, y eso es como una espina clavada en el corazón que nos hace sufrir y a veces desanimarnos. Le pedimos al Señor que aparte de nosotros esa espina y esa responsabilidad, y recibimos la misma respuesta: Es para que no te engrías, para que seas humilde, para que te des cuenta que el fruto de tu trabajo no depende de ti sino de la gracia de Dios en ti. Así la fuerza y la gracia de Dios se pondrá más de manifiesto, brillará más a través de tu debilidad. Por eso te basta mi gracia.
Pidamos al Señor que escuchemos con atención su Palabra y su mensaje de salvación y con su ayuda lo hagamos vida en nosotros, aunque sea poco a poco.
Pensemos también, cuántas veces no hablamos de Jesús y no somos coherentes en nuestra vida por miedo a las críticas y al rechazo.
No olvidemos que Jesús nos dice: Te basta mi gracia. En ella encontrarás la fortaleza que necesitas