DOMINGO XXVIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 13 de Octubre de 2024
REFLEXIÓN
1.- Era un joven bueno, con deseos de ser santo por eso se acerca a Jesús a preguntarle qué ha de hacer para heredar la Vida Eterna. Lo que le dice Jesús le gusta porque cumple los mandamientos desde niño.
Jesús lo mira con esos ojos de amor que llegan al corazón porque ve sus buenos deseos, y añade: Para ser perfecto aún te queda algo más: Comparte tus bienes con los pobres.
El joven se marcha triste, sin estar dispuesto a hacer ese poco más que Jesúus le pide, porque era muy rico.
2.- Para su caminar por la vida llevaba una mochila muy llena de bienes materiales que le permiten llevar una vida fácil, sin preocupaciones, con mucha comodidad. Pero también llevaba un peso grande: Era codicioso. No quería desprenderse de los bienes que le permitían llevar una vida de bienestar.
Los pobres, los necesitados, no estaban entre sus intereses ni en sus proyectos, ni en su preocupación. Por eso Jesús les comenta a sus discípulos. “Qué difícil le será a un rico entrar en el Reino de los cielos”. Con tanto equipaje no podrá entrar por la puerta estrecha del Reino de los cielos.
Esa exigencia asusta a sus discípulos y le dicen: “Entonces,¿quién puede salvarse?” Y Jesús se les quedó mirando y les dijo: “Es imposible para los hombres, pero no para Dios. Dios lo puede todo”.
3.- La codicia es un obstáculo importante para entrar en el Reino de los Cielos.
Quizá sin darnos cuenta somos más codiciosos de lo que pensamos:
+Compramos compulsivamente. Acumulamos cosas innecesarias, sólo por capricho, porque lo quiero tener.
+Tenemos cosas que no vamos a usar nunca o muy poco, pero no queremos desprendernos de ellas…
+No pensamos, o pensamos poco en lo que pueden necesitar los demás, especialmente en los más pobres y los que más necesitan ayuda..
+Estamos constantemente preocupados de no perder lo que tenemos, que nadie nos lo quite, que nos quedemos con poco o sin nada…
4.- Sigamos el consejo de Jesús: Vaciemos nuestras mochilas de cosas que no son imprescindibles para compartirlas con los demás, para aliviar las necesidades y el sufrimiento de personas que, tal vez, están cerca de nosotros.
Llenemos nuestro corazón de esos bienes que tienen un valor eterno, que duran para siempre, que nunca se estropean y que nadie nos puede quitar, de obras buenas que siempre permanecerán…
Aunque nos cueste, pensemos de qué nos podemos desprender y cuantas obras buenas podemos hacer para poder entrar por la Puerta estrecha. Posiblemente tendremos que luchar contra nuestro egoísmo y nuestra codicia, pero no nos desanimemos. Lo que es imposible para nosotros, es posible para Dios. Dios lo puede todo.
La Palabra de Dios es la Luz que llega hasta el fondo de nuestras entrañas y nos enseña lo que debemos hacer. Y la Sabiduría nos indica el camino que hemos de seguir para no equivocarnos.