DOMINGO XXX DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 27 de Octubre de 2024
REFLEXIÓN
1.- Este pasaje del Evangelio nos ofrece la posibilidad de reflexionar sobre muchas cosas.
Necesitamos humildad para reconocer que para muchas cosas estamos ciegos:
+Somos ciegos para vernos a nosotros mismos tal como somos, con nuestras cualidades y nuestros defectos, con las cosas que hacemos bien para ponerlas al servicio de todos, y las que hacemos mal y podemos o debemos mejorar porque nos perjudican a nosotros y hacen daño a los demás. Y aquellas cosas que podríamos hacer y no hacemos por pereza o descuido.
+Somos ciegos para reconocer a Dios cerca de nosotros, en toda la creación, y a nuestro lado en todos los momentos de nuestra vida, buenos o malos.
+Ciegos para leer los distintos acontecimientos del mundo que nos rodea, o los distintos acontecimiento de nuestra vida con los ojos de Dios, y poder reconocer o descubrir qué es lo que podemos aprender de cada uno de ellos y qué es lo que quiere el Señor de nosotros en cada momento o en cada etapa de nuestra vida.
2.- Deberíamos comportarnos como el ciego Bartimeo:
+Gritar ante Dios nuestros problemas, nuestras oscuridades y sufrimientos pidiéndole ayuda con la seguridad de que siempre nos escucha.
+Ser constantes en nuestra oración y nuestra súplica aunque a veces parezca que pasa de largo y es indiferente a nuestros gritos de ayuda.
+No dejar que sean una barrera y un obstáculo quienes nos dicen que nos callemos, que no hace falta acudir tanto a Dios, que no sirve para nada rezar, pedir tanto y de manera tan insistente.
+Confiar siempre en que el Señor está pendiente de nosotros en todo momento, que no es indiferente ante nuestros sufrimientos y nuestras súplicas, que siempre se para, nos mira, nos escucha y nos pregunta: ¿Qué quieres que te haga?
+Ser agradecidos sin olvidar de que todo lo hemos recibido de Él y de que siempre podemos contar con su ayuda.
3.- También somos ciegos para darnos cuenta de cuántos, como Barrtimeo, están sentados al borde del camino de la vida pidiendo ayuda, gritando auxilio, mientras muchos pasamos de largo como si fueran invisibles y les decimos que se callen, que no molesten.
No podemos tener la conciencia tranquila si cerramos los ojos para no verles, si no les escuchamos, porque tenemos mucha prisa y muchas cosas que hacer.
Pensemos cómo nos sentiríamos nosotros si estuviéramos en su lugar y nadie nos hiciera caso o nos dijera que molestamos y nos dejen en paz.
¡Cuántas veces andamos por la vida dando tumbos y desorientados a causa de nuestras cegueras y nuestra falta de humildad!
Seamos constantes y especialmente hoy en la Eucaristía en decir: ¡Señor, que vea!