DOMINGO XXXI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 3 de Noviembre de 2024
REFLEXIÓN
1.- Ante la pregunta del escriba sobre cuál es el mandamiento más importante, Jesús da una respuesta que solemos no prestarle atención: “Escucha Israel, el Señor nuestro Dios es el único Señor”
Si no escuchamos con atención no podemos conocer ni amar a quien nos pregunta. No podremos saber qué hay en su corazón, qué quiere de nosotros. Y lo más importante escuchar que Dios nos dice: TE AMO. Y nos ama porque nos ha creado a su imagen y semejanza de modo que, cuando nos mira, se ve a sí mismo reflejado como en un espejo.
Estamos tan encerrados en nosotros mismos, tan pendientes de lo que queremos, lo que nos interesa conseguir de inmediato, tan materialistas, tan deseosos de ser felices ahora mismo al precio que sea, que se nos olvida, porque no escuchamos, que Dios nos ama.
2.- Hemos perdido la dimensión trascendente de nuestra vida. Dios no ocupa el lugar más importante, incluso no ocupa ningún lugar. No sabemos, no queremos saber o nos olvidamos de que hemos sido creados a su imagen y semejanza, que nos ha creado para estar con Él eternamente y por eso no nos acordamos de que el mandamiento más importante es: "Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu mente, con todas tus fuerzas” porque tenemos la necesidad insaciable de parecernos a Él, de estar con Él y sabernos amados aunque no nos demos cuenta. Por eso sentimos muchas veces que nuestro corazón está vacío y lleno de tristeza.
3.- El segundo mandamiento, tan importante como el primero es “Amar al prójimo como a nosotros mismos”, porque el prójimo, cualquier prójimo, es imagen de Dios como nosotros.
Para poder amar al prójimo como Dios quiere, primero hemos de amarnos a nosotros mismos. Reconocernos como imagen de Dios, como semejantes a Él, cuidando esa imagen suya que somos. Y no siempre nos amamos como debemos.
Hemos de amar y cuidar nuestro cuerpo, nuestra vida, nuestra salud. No dañarnos ni destruirnos. Cuidar nuestra mente, nuestro corazón, nuestros sentimientos y deseos, nuestras cualidades, para valorar todo lo bueno que Dios ha puesto en nuestras manos, saber aprovecharlo y ponerlo al servicio de los demás. Y distanciarnos y rechazar todo lo que nos hace daño.
Y es entonces cuando nace en nosotros la necesidad de amar al prójimo con todo nuestro corazón, todas nuestras fuerzas, respetando su dignidad, sus derechos, preocupándonos por sus condiciones de vida, sus posibilidades para que pueda tener oportunidades de trabajo, vivienda, atención sanitaria, estudios… Preocuparnos de él como Dios se preocupa de todos.
4.- Escuchar al Señor:
+ Es dedicar tiempo a leer el Evangelio, pensar qué nos dice en su Palabra. También escuchar a nuestro corazón y nuestra conciencia.
+Tener tiempo para estar con Él sin prisas, en la oración y los sacramentos.
+Estar pendientes de lo que necesitan los demás, de los enfermos, los ancianos, los que pasan hambre, los que no tienen trabajo o no reciben un salario digno porque son explotados. Los olvidados, los excluidos, los marginados por cualquier motivo.
Debemos, en las circunstancias actuales de enorme sufrimiento de tanta gente cercana a nosotros, hacer un examen de conciencia y preguntarnos qué podemos o qué debemos hacer para aliviar tanto dolor y tanta necesidad