DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO B
Domingo 17 de Noviembre de 2024
REFLEXIÓN
1.- Este pasaje del Evangelio puede parecernos un poco inquietante por las imágenes con las que Jesús nos recuerda que nada de lo creado es eterno, todo tiene su fin, también nosotros aunque casi siempre se nos olvida y nos parece que somos eternos.
Por eso, las palabras de Jesús son una llamada para que estemos preparados para cuando llegue el final, cuya plenitud será la culminación del Reino de Dios en el mundo, porque tal como dice Jesús :”El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán".
Nos hace una invitación a prestar atención a todos esos signos positivos que hay en el mundo en donde, a pesar del hambre, las guerras, la sangre y la destrucción, aparecen brotes verdes de esperanza cuando nos damos cuenta de que en ocasiones difíciles se hace visible lo mejor que hay en el corazón de las personas: La empatía con los que sufren, la solidaridad, la generosidad, la entrega del propio tiempo y la propia vida sin pedir nada a cambio.
Y a la vez preguntarnos si vemos esos brotes de esperanza, si cada uno somos portadores de esos valores del Reino en el entorno en el que vivimos sin olvidar, colaborar y empatizar con quienes están lejos de nosotros.
Si no nos alejamos del mal y del pecado, si sólo vemos lo malo y lo feo que tenemos cerca y que también hay en nosotros, perderemos la esperanza y eso nos impedirá vivir con alegría.
2.- No debemos olvidar que a cada uno nos llegará el final de nuestro tiempo. No sabemos ni el día ni la hora porque sólo el Padre sabe cuando nos llamará para estar con Él eternamente. Por eso hemos de procurar estar preparados, que su Amor esté presente en nuestra vida, que ese Amor lo cuidemos en el interés que ponemos en mantener nuestra relación con el Señor en la oración, los sacramentos y hacer el bien a los demás. Que no perdamos el tiempo gastando nuestra vida en las cosas materiales, frágiles, innecesarias porque no nos servirán para que el mundo sea mejor, sino para materializar nuestra vida y nuestro corazón, alejarnos de Dios y olvidarnos de que todo es caduco y efímero y sólo Dios permanece para siempre.
3.- Es también una llamada a la esperanza porque, aunque en algún momento nos parezca que la realidad del mundo en que vivimos no tiene arreglo, Jesús siempre cumple su promesa de que sus palabras no pasarán y su Reino será una plena realidad al final de los tiempos.
Hemos de preguntarnos
+En qué medida creemos que Jesús es el Salvador del mundo y que es nuestro Salvador ya que cuando hay perdón no hay pecado y está presente el Amor.
+Si ponemos nuestra vida siempre, pero especialmente en los momentos difíciles, en las manos de Dios porque confiamos plenamente en Él.
+Cuándo y cómo colaboramos en que el mundo sea mejor, empezando por nuestro ambiente más cercano: Familia, amigos, vecinos, compañeros de trabajo ... .siendo portadores de esperanza.
Que la Eucaristía sea nuestra fortaleza para seguir a Jesús con fidelidad.