DOMINGO VII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 23 de Febrero de 2025
REFLEXIÓN
1.- El Evangelio de hoy es como una continuación del pasaje de la semana pasada: Jesús nos sigue proponiendo un mundo al revés concretando mucho en qué consiste: “Amar a los enemigos.”
Nosotros entendemos el amor a los demás como el afecto, cariño, confianza… que son expresión de lo que sentimos hacia los que decimos que amamos. Por eso nos parece imposible y muy contradictorio oír a Jesùs que nos pide amar a los enemigos.
Pero ese no es el amor del que habla Jesús. Jesús nos propone una manera de amar que no es un sentimiento sino un estilo de vida, una forma de ser, comportarnos con paciencia y mansedumbre con quien se comporta como nuestro enemigo, desactivando así la reacción de ira y violencia que podemos sentir hacia él y que puede haber en nuestras relaciones con los demás. Y pone ejemplos concretos:
+Al que te trata mal y con violencia, respóndele tratándolo bien, sin insultos, desprecios ni violencia.
+Al que te pide dale con generosidad, incluso más de lo que te pide porque sabes que lo puede necesitar más que tú o no te lo puede devolver.
+No juzgues, no seas vengativo, haz el bien al que te hace daño y no le tengas en cuenta la ofensa que te ha hecho.
+Sé comprensivo con los defectos o las debilidades del otro, sé misericordioso y perdónalo.
+No te fijes primero en lo que hace mal o no te gusta de la otra persona, no critiques y, si es posible, ayúdale a hacer las cosas mejor.
+Reza por el que te persigue, te odia o te calumnia y no hables mal de él.
Jesús nos dio ejemplo y nos pide que seamos como Él: compasivos y misericordiosos como es nuestro Padre del cielo que hace salir el sol sobre los buenos y los malos.
2.- Amar a los amigos es muy fácil, es lo que hacemos todos, también los pecadores o aquellos de quienes pensamos que no son buenas personas.
Lo difícil es tener un corazón semejante al de Jesús, amar a los que nos hacen daño, a nuestros enemigos y tenderles la mano si nos necesitan. Eso es lo que Él hizo y es lo que nos diferencia a los cristianos de quienes no lo son.
Comportarnos así nos es especialmente difícil porque en nuestra sociedad damos mucha importancia a nuestros derechos, a veces demasiada a nuestra imagen, a nuestro prestigio, nuestro honor, nuestra dignidad. Todo tiene un precio y pedimos que el que nos ha ofendido lo pague.
Para tener un corazón semejante al de Jesús, es necesario que estemos enamorados de Él, que queramos ser como Él y no podamos vivir sin Él. Y a eso sólo llegaremos cuando tengamos una relación con Él intensa y constante.
3.- Jesús resume sus enseñanzas de hoy sobre el amor en una sola frase: “Tratad a los demás como queréis que ellos os traten”. Grabemos esa frase en nuestro corazón y tengámosla como referencia cuando nos preguntemos si estamos tratando bien a los demás.
Pidámosle en esta Eucaristía, que nos dé un corazón semejante el Suyo y nos enseñe a amar como Él amó.