DOMINGO IV DE CUARESMA CICLO C
Domingo 30 de Marzo de 2025
REFLEXIÓN
1.- Aunque esta parábola del Evangelio nos es conocida, es bueno que nos paremos a reflexionarla fijándonos en cada uno de los tres personajes.
EL HIJO MENOR. Se quiere independizar, No quiere tener en cuenta los valores que su Padre le ha enseñado. No hace caso de sus consejos, no quiere su protección.
No quiere trabajar, quiere vivir su vida de diversión. Pide la parte de la herencia que le corresponde, y se va de casa. Es completamente irresponsable malgastando todo lo que le ha dado su Padre. Llega un momento en que pasa hambre, busca trabajo pero nadie se fía de él porque conocen su forma de ser. Tan sólo le ofrecen cuidar cerdos y no puede comer ni las algarrobas que hay para ellos.
Cuando llega a una situación límite reflexiona, se da cuenta de lo mal que ha hecho las cosas, decide cambiar, regresar a la casa del Padre, pedir perdón y suplicar que le deje entrar a trabajar aunque sea como un jornalero más.
EL HERMANO MAYOR. Es obediente, cumple con su trabajo, quiere que su Padre esté contento de lo que hace porque le teme, no porque le ama.
Se cree mejor que su hermano, es orgulloso, exigente consigo mismo y con los demás. Juzga a su hermano, no le ama, no le quiere perdonar, critica incluso a su Padre, echándole en cara que perdone al hijo pequeño que ha regresado. Le niega al hermano cualquier oportunidad de cambiar y llevar una vida nueva.
EL PADRE, que es bueno, ama a sus hijos con todo su corazón, respeta que son adultos y tienen libertad para hacer de su vida lo que quieran. Reparte entre los dos la herencia, aunque le cuesta ver cómo su hijo pequeño se va de casa huyendo de la autoridad del Padre y rompiendo la unidad de la familia.
El Padre sabe que el pequeño es bueno, que se dará cuenta de lo que ha hecho mal y confía en que regresará porque está destrozando su vida y así no será feliz.
Cada mañana sale al camino esperando que vuelva.
Cuando le ve llegar no se espera, sale corriendo a su encuentro, no le deja ni pedir perdòn, le abraza -”hijo, qué bueno que viniste”- lo cubre de besos, llama a los criados: treadle un vestido nuevo, preparad una fiesta porque ha regresado.
2.- Así es Dios para con nosotros. Nos ama, sabe como somos, sabe que muchas veces estamos estropeando nuestra vida y no somos felices. Que también estamos destrozando la familia, la relación con los amigos..
Pero nos conoce. Cada mañana, cada día espera que volvamos reconociendo que hemos hecho las cosas mal y pedirle que nos dé una nueva oportunidad de cambiar y ser felices. No nos juzga, no nos pide explicaciones, no nos castiga, no nos condena…. sólo nos abraza, y nos dice: Te estaba esperando… ¡Que bueno que viniste!! quiero hacer una fiesta , que seas feliz, que puedas hacer felices a los demás…
Como un padre siente ternura por sus hijos así Dios tiene ternura con nosotros.
¿A cuál de los hijos nos perecemos? ¿Qué imagen tenemos de Dios? ¿Creemos que es un Padre bueno que siempre nos perdona porque nos ama? O que constantemente nos vigila para juzgarnos y castigarnos?
Pongámonos en las manos de Dios, dejemos que nos abrace y que nos diga: Qué bueno que viniste!! Te estaba esperando.