SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA CICLO C
Domingo 27 d Abril de 2025
REFLEXIÓN
1.- El PP. Juan Pablo II instituyó este segundo domingo de Pascua como el domingo de la Divina misericordia porque la salvación es expresión de la misericordia de Dios.
En el primer día de la semana, Jesús se hace presente a los discípulos que están encerrados en una casa por miedo a los judios. Les cuesta reconocerlo hasta que les enseña las manos y el costado, y se llenan de alegría al ver al Señor. Además de la alegría les hace un primer regalo: PAZ A VOSOTROS. Era el testimonio de que estaba vivo y que era su principal deseo. Pero no una Paz cualquiera, sino una Paz que nace del fondo del corazón con una triple dimensión:
++Paz con nosotros mismos.
Necesitamos aceptarnos tal como somos, reconocer nuestras cualidades pero también nuestros defectos, nuestras debilidades, nuestros miedos, nuestros pecados y el daño que nos causamos a nosotros mismos y a los demás cuando hacemos las cosas mal. Necesitamos amarnos a nosotros mismos tal como somos y a pesar de lo que somos para encontrar la paz.
++Paz con Dios
No basta saber que Dios nos perdona y nos ama, sino también dejarnos amar por Él. Aceptar que está vivo y presente en el camino de nuestra vida, que nos ayuda, nos comprende, nos acompaña y nos anima a seguir caminando.
++Paz con los demás.
Si Dios nos ama y nos perdona también nosotros hemos de amar y perdonar a los demás, estando dispuestos a pedir perdón y a perdonar cuando nos ofenden, a tender puentes de diálogo y de encuentro, porque así seremos constructores de paz.
2.- Jesús les envía a anunciar que ha resucitado, que Dios quiere salvar a todos los hombres -”Como el Padre me ha enviado así también os envío Yo”- y como garantía les da el poder de perdonar los pecados. Es el momento más claro de la institución del Sacramento de la Confesión, del perdón y de la reconciliación. Un sacramento que debemos valorar y practicar como un gesto del Amor y la misericordia de Dios con nosotros.
El envío a anunciar el Evangelio y la presencia de Jesús resucitado entre nosotros es un encargo que compete a todos los cristianos y no sólo a los sacerdotes, religiosos y misioneros. Cada uno, en nuestro entorno: Familia, trabajo, amigos, vecinos, comunidad parroquial…, hemos de pensar cómo podemos cumplirlo y hacer posible que cada día sea mayor el número de creyentes y la salvación que Dios nos regala se extienda cada día más.
3.- Ocho días después Jesús se vuelve a hacer presente a los discípulos. En la anterior aparición no estaba Tomás y no creyó lo que le contaban porque necesitaba comprobarlo por él mismo. Jesús le llama y le ofrece la posibilidad de tocarle y palparle. Le recrimina la dureza de su corazón y llama dichosos a los que creen sin haber visto.
En Tomás estamos representados todos porque en los momentos de duda, desorientación, inseguridad, de oscuridad… nos gustaría tener una prueba palpable de que Jesús nos escucha, está a nuestro lado, nos ayuda y podemos apoyarnos en Él.
4. Que el Dios de la Misericordia tenga paciencia con nosotros y nos ayude a vivir siempre con la alegría de que nos ama y de amarnos unos a otros cada vez más.