TERCER DOMINGO DE PASCUA CICLO C
Domingo 4 de Mayo de 2025
REFLEXIÓN
1.- Todavía recientes los últimos acontecimientos de la vida de Jesús, los discípulos tienen que reorganizarse y volver a su vida cotidiana. Están juntos, apoyándose en la tristeza y juntos deciden ir a pescar.
Después de pasar la noche trabajando siguen con el desánimo y la tristeza. No han pescado nada. Y allí, en la orilla les espera Jesús, aunque no le reconocen, les pide que echen de nuevo la red y aunque saben que no hay pescado piensan que no está de más volverlo a intentar. Es entonces cuando se llevan la sorpresa de una pesca abundante.
Sólo Juan, el discípulo que más le ama, es el que le reconoce y al decirlo Pedro corre a la orilla mientras los demás arrastran la red.
Y allí está Jesús esperándolos con el fuego y el pan preparado para asar alguno de los pescados y les dice: “Venid y almorzad”. Sabe que están cansados y que necesitan descansar, superar sus miedos, recuperar ánimos, su desorientación, sus inseguridades, porque no saben qué hacer.
A Jesús le reconocen cerca, no porque saben muchas casas de Él, sino porque le aman mucho. Por eso Juan es el primero en reconocerlo cuando les espera en la orilla.
2.- Así es también Jesús para nosotros.
++Estamos muchas veces cansados y desanimados de que nuestros esfuerzos y nuestro trabajo no esté dando el fruto que deseamos.
Los proyectos y actividades pastorales en la parroquia, los padres en la educación de los hijos, los educadores cristianos, el esfuerzo en la superación de nuestros defectos y debilidades… por mucho que lo intentamos no conseguimos avanzar.
++Y ahí, en la orilla de nuestra vida está Jesús esperándonos con el fuego de su Amor y el Pan de la Eucaristía preparados para alimentarnos, darnos fuerzas y ánimos, y nos dice: “Venid, almorzad”, descansad, recobrad fuerzas, ánimos y esperanza.
Pero, como le ocurrió a Juan, sólo cuando le amamos de verdad nos damos cuenta de que es Él quien está a nuestro lado orientándonos, animándonos y deseando que le hagamos caso, ayudándonos y cogiéndonos de la mano para que no dejemos de caminar, de volverlo a intentar y avanzar en el trabajo y el esfuerzo.
Hemos de lanzarnos al agua y correr hacia Él. Siempre nos espera.
3.- Vivimos con demasiadas prisas. Decimos muchas veces que no tenemos tiempo, que son demasiadas las cosas que hemos de hacer, pero se nos olvida que si nosotros no estamos bien, si no hemos descansado, nos hemos alimentado y recuperado fuerzas, no haremos bien lo que debemos hacer.
Por eso hemos de tener presente que Jesús siempre está esperándonos para ofrecernos su descanso y su Pan para alimentar nuestra fe, fortalecer nuestra esperanza y pedirnos que echemos las redes, que volvamos a empezar para avanzar hacia las metas que nos hemos propuesto con la seguridad que es el Señor el único que hace posible que toda nuestro trabajo y nuestro esfuerzo de fruto abundante.