DOMINGO DE PENTECOSTÉS CICLO C
Domingo 8 de Junio de 2025
REFLEXIÓN
1.- Con la celebración de la Venida del Espíritu Santo terminamos las celebraciones de la Resurrección de Jesús y comienza el tiempo de la vida de la Iglesia.
Al igual que los discípulos que estaban encerrados en una casa por miedo a los judíos, también nosotros permanecemos muchas veces encerrados por miedo:
++Encerrados en nosotros mismos porque pensamos que nuestra vida y nuestra fe es algo íntimo y personal que nadie tiene por qué saber. O que es un asunto que se reduce al ámbito familiar.
++Encerrados en el entorno de la parroquia porque creemos que basta con nuestras prácticas religiosas o colaborar con una limosna cuando se nos pide, para tener la conciencia tranquila.
++Estamos encerrados hasta tal punto que nuestra vida cristiana es paralela a nuestra vida y nuestras actividades cotidianas; no nos compromete y no tiene por qué condicionar nuestro modo de pensar y de comportarnos.
++Y permanecemos encerrados porque tenemos miedo. Miedo a que se burlen de nosotros, a que nos humillen, nos desprecien, nos pongan en ridículo como si nuestros criterios, nuestras opiniones o nuestros comportamientos cristianos estuvieran fuera de lugar.
2.- Necesitamos que el Espíritu Santo cambie nuestro corazón, y nuestra vida sufra una revolución radical, como les ocurrió a los discípulos.
++Necesitamos que el viento recio del Espíritu arrastre y limpie todo lo que de viejo e inútil hay en nuestra vida cristiana, nos purifique y sean limpias nuestras intenciones, nuestros sentimientos, nuestros deseos, nuestras palabras. Que sea limpio hasta lo más hondo de nuestro corazón.
++Necesitamos que su fuego abrasador nos haga arder en el amor a Dios y a nuestros hermanos para que sepamos acercarnos a los demás con ojos de misericordia, para amar a los que nadie ama, para no pasar de largo ante los que nuestra sociedad considera invisibles, para llevar la ternura de Dios a quienes también son hijos suyos e imagen suya y sin embargo están olvidados.
++Necesitamos la fortaleza del Espíritu para superar nuestros miedos y debilidades, para anunciar con valentía el mensaje de Jesús, que se manifieste en nuestras obras y vivamos la alegría contagiosa de ser cristianos.
3.- Necesitamos un nuevo Pentecostés, una nueva presencia poderosa del Espíritu que cambie el corazón de los que gobiernan y dirigen el destino de los pueblos. Para que la Iglesia se renueve sin miedo y sea cada vez, de manera más auténtica, la gran familia de los hijos de Dios y haga visible con más transparencia y luminosidad al Dios de la Misericordia que es el Dios del que siempre habló Jesús.
Pidamos hoy y cada día en nuestra oración que venga el Espíritu sobre nosotros y sobre todos los hombres para que entre todos construyamos el Reino de Dios.