DOMINGO XV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 13 de Julio de 2025
REFLEXIÓN
1.- Los sacerdotes, los levitas, los fariseos, los doctores de la Ley, eran los que presumían de saber y cumplir todos los preceptos que mandaba la Ley. Por eso, cuando el letrado pregunta a Jesús quien es su prójimo, le responde con la parábola del samaritano bueno.
En ella hay varios personajes en los que nos podemos fijar:
++El hombre apaleado al que han dejado herido, le han robado, y le han echado al borde del camino.
++El sacerdote y el levita, que presumían de ser fieles cumplidores de la Ley, pero que pasan de largo dando un rodeo para no tener problemas, como si al no verlo es como si no existiera.
++ El samaritano que, a pesar de no ser del pueblo judio y ser considerado un gentil y pecador es el que se fija en el hombre echado al borde del camino, maltratado, apaleado y herido, lo carga en su cabalgadura y lo lleva a la posada, con el compromiso de pagar al posadero lo que le debe cuando regrese.
2.- Esta parábola nos pone en situación de que cada uno nos preguntemos a quién nos parecemos y cuál es nuestro comportamiento.
Todos hemos de hacer una revisión de cómo es nuestra vida. No sólo si amamos a Dios sobre todas las cosas, con todo nuestro corazón, con todas nuestras fuerzas cumpliendo los mandamientos, sino también si tenemos un corazón misericordioso y amamos al prójimo como a nosotros mismos tal como nos pide Jesús, o buscamos excusas y justificaciones para no hacer lo que debemos.
Es el samaritano el que hace lo que debe, no busca presumir ante todos, sino poner el corazón en lo que hace mirando a quien sufre con los ojos de Dios,. Por eso hemos de preguntarnos si hemos aprendido del samaritano bueno y si nuestra vida es ejemplo para los demás
A la luz de esta parábola todos los cristianos debemos revisar nuestra vida, reconociendo que cerca de nosotros hay buenos samaritanos que tal vez no sean cristianos ni creyentes, pero que son mejores que nosotros.
Pidamos al Señor que seamos lo bastante humildes para dejarnos ayudar por los buenos samaritanos que pasan por nuestra vida, y que tengamos un corazón misericordioso capaz de mirar a los demás con los ojos de Dios para ayudar con generosidad a quienes vemos echados al borde del camino de su vida esperando la ayuda que necesitan.