DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 31 de Agosto de 2025
REFLEXIÓN
1.-El gran pecado de los primeros hombres fue el orgullo. Cedieron a la tentación de querer ser como Dios y decidir por ellos mismos lo que estaba bien y mal. Con esa decisión hicieron lo contrario de lo que Dios les había mandado, y se equivocaron.
El pecado del orgullo lo hemos arrastrado desde entonces toda la humanidad y es el que más daño nos hace a todos. Y sobre todo porque nos falta humildad.
2.- Jesús nos propone hoy una parábola en la que nos podemos sentir reflejados en algunos de nuestros comportamientos.
*Nos gusta sentirnos importantes, y que así nos consideren los demás; nos gusta ocupar los primeros puestos, poder mandar o estar cerca de los que mandan aunque para conseguirlo vayamos dando codazos, poniendo zancadillas, mentir para desprestigiar al oponente, pagar a testigos falsos…
*Cuando no lo conseguimos nos sentimos frustrados, fracasados, humillados, con el corazón lleno de rencor, protestando porque no se han respetado nuestros derechos ni nuestra dignidad…
*Nuestro corazón se llena de envidia, de amargura, de tristeza. Nos hacemos daño a nosotros mismos y a los demás porque les criticamos, buscamos sus defectos y equivocaciones, hacemos las cosas protestando y con mala cara, gritamos, contestamos mal, tenemos mal genio, nos enfadamos, nos quejamos de todo. No consentimos que nos corrijan ni somos capaces de reconocer nuestra equivocación.
Son sentimientos que nos corroen interiormente y que nos hacen perder motivación para seguir superándonos y mejorando. No hay persona que viva con más amargura que la que tiene un corazón envidioso..
3.- S. Pablo afirma en sus cartas que la virtud más importante y más grande es la Caridad. Y es así porque es poner el corazón y el amor en todo lo que hacemos. Pero también podemos afirmar que la más necesaria es la humildad.
*Sólo si somos humildes reconocemos nuestros errores, debilidades, limitaciones y carencias. Sólo con la humildad podemos reconocer que necesitamos de los demás; necesitamos que nos ayuden, que nos apoyen y nos acompañen, que nos corrijan, que nos enseñen para crecer y madurar. Pero sobre todo nos hace reconocer que necesitamos de Dios porque sin Él no somos nada ni podemos nada.
*La humildad nos ayuda a aceptarnos y querernos a nosotros mismos tal como somos y descubrir que también tenemos cualidades y cosas buenas que podemos ofrecer a los demás.
4.-Abramos delante del Señor las puertas de nuestro corazón para que cure nuestras heridas, y pidámosle la humildad y las fuerzas que necesitamos en todas las situaciones de nuestra vida para irnos corrigiendo y mejorando.