DOMINGO XXV DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 21 de Septiembre de 2025
REFLEXIÓN
1.- La primera afirmación que hace Jesús en el Evangelio de hoy para calificar el comportamiento de un administrador irresponsable es que es un derrochador. Se ha considerado dueño de unos bienes que no son suyos, se ha aprovechado y beneficiado de ellos con un comportamiento egoísta y avaricioso.
Cuando el dueño le pide cuentas de su gestión no duda de hacer trampas ni de falsificar la contabilidad. Sin escrúpulos traiciona la confianza que el dueño había depositado en él.
2.- Quizá nosotros, en alguna ocasión, hemos hecho lo mismo, aunque sea en pequeñas cosas de nuestra vida cotidiana:
+Pagar salarios bajos a quien trabaja para nosotros, vender cosas a un precio superior de lo que valen, gastar caprichosamente y de manera irresponsable, hacer trampas en los pesos, las medidas, en la calidad de los productos, estafar con facturas falsas o llevar doble contabilidad…
+Todo eso lo hacemos con la conciencia tranquila y sin reconocer que lo hacemos mal.
3.- Ese comportamiento también lo tenemos en nuestra relación con Dios.
El Señor ha puesto en nuestras manos todos sus bienes y con demasiada frecuencia los derrochamos y hacemos trampas.
+No aprovechamos todas las oportunidades que nos ofrece el Señor para hacer las cosas bien: Ser honrados y limpios de corazón, tratando a los demás con respeto, tendiendo la mano a quien nos necesita sin pedir nada a cambio, regalando nuestro tiempo.
+No hemos puesto mucho interés en construir un mundo mejor, trabajando por el respeto y cuidado de la naturaleza, por la justicia, el amor y la paz en nuestro entorno…
+Hacemos trampas acudiendo al Señor cuando lo necesitamos recordándole una lista de cosas buenas que hemos hecho, y justificando lo que hemos hecho mal:
*Cuando nos hemos olvidado de Él, no hemos rezado, ni participado en la Eucaristía, dando más importancia al dinero y a los bienes materiales que a tenerle a Él como el centro de nuestra vida….
*No hemos sido responsables, ni agradecidos, ni hemos estado a la altura de la confianza que Dios ha depositado en nosotros y le hemos decepcionado porque le hemos desplazado de nuestra vida y no ocupa el lugar que debería ocupar y que le corresponde
+Por eso Jesús nos recuerda que “no podemos servir a dos señores porque aborreceremos a uno y amaremos al otro. Por eso no podemos servir a la vez a Dios y al dinero”.
4.- Dejemos que este pasaje del Evangelio ilumine nuestra vida para darnos cuenta dónde ponemos el corazón, si en Dios o en los bienes materiales.
Y pidamos al Señor que nos ayude a ser fieles administradores de tantos bienes que ha puesto en nuestras manos confiando en que lo haremos bien.