DOMINGO XXXIII DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO C
Domingo 16 de Noviembre de 2025
REFLEXIÓN
1.- Lo que acabamos de escuchar en el Evangelio parece una descripción de lo que está ocurriendo en nuestro mundo: Desastres naturales, violencias, guerras y enfrentamientos entre pueblos, injusticias, cristianos perseguidos y asesinados… Mucho de todo eso no depende de nosotros porque la naturaleza tiene sus propias leyes, pero muchas otras cosas están causadas por nosotros y es nuestra la responsabilidad.
2.-Las palabras de Jesús no pretenden llenar nuestra vida de angustia y preocupación, sino que en medio de esa enormidad de sufrimiento y de situaciones adversas, Jesús nos quiere transmitir una palabra de esperanza y de ánimo: NO TENGÁIS MIEDO, NO TENGÁIS PÁNICO:
*Yo pondré en vuestra boca palabras adecuadas para vuestra defensa.
*Seré Yo quien os cuide, os proteja, os defienda. No perecerá ni un pelo de vuestra cabeza.
*Tendréis ocasión de dar testimonio, de anunciar con vuestra vida que sólo Dios nos salva y sólo Él puede transformar nuestras vidas y cambiarlo todo.
*Y para que se haga en realidad todo lo que promete Jesús, sólo hace falta: Mejorar nuestra formación para poder confiar más en Él, ser constantes y perseverantes en nuestra fe, en nuestro testimonio y en la coherencia de nuestra vida.
Muchos no escucharán ni querrán escuchar la llamada a la conversión, a cambiar de forma de vivir, incluso negarán la necesidad de la presencia de Dios y serán esos, quizá miembros de vuestra propia familia y nuestros amigos, quienes nos persigan, nos insulten y nos rechacen porque confiamos en que es Dios quien nos salva.
3.-Lo descrito en este pasaje del Evangelio nos lleva a una conclusión: Todo es pasajero incluso nuestra propia vida en la tierra; todo llega a su fin. Sólo Dios permanece. Él es quien da sentido a nuestra vida y es la razón de nuestra alegría y nuestra esperanza.
Ayudarnos unos a otros debe ser el objetivo de nuestra vida personal y parroquial, para que con la coherencia de nuestra vida, la perseverancia y el apoyo mutuo demos fiel testimonio en medio de las calamidades y las persecuciones que nos rodean, que sólo Dios permanece y sólo Él salva.
4.- Jesús nos hace una llamada a fortalecer nuestra fe, a no perder la esperanza y a ser perseverantes porque con la perseverancia salvaremos nuestras almas, estaremos construyendo lo que permanece para siempre, haremos posible que nuestra sociedad y nuestro mundo sea mejor y que la salvación llegue a todos los lugares de la tierra.
Pidamos en esta Eucaristía que su Luz guíe nuestra vida para hacer las cosas como las haría Jesús y nos ayude con su fortaleza a ser mejores cada día.