DOMINGO II DEL TIEMPO DE ADVIENTO CICLO A
Domingo 7 de Diciembre de 2025
REFLEXIÓN
1.- El Evangelio de este segundo domingo de adviento nos propone varias cosas sobre las que podemos reflexionar centrados en la Persona de Juan el Bautista.
++Juan vivía en el desierto. El Desierto es una tierra reseca, árida, sin agua, sin vida, sin horizontes. Con mucha frecuencia es así como está nuestro corazón.
++Es necesario convertirnos, cambiar de actitud, de forma de vivir y de actuar, revisar lo que hacemos mal, proponernos hacer las cosas mejor, salir de esa situación de desierto en la que nos encontramos, de ese corazón duro y sin vida. Y para eso llega el Señor, porque Él es el único que puede convertir el desierto en una tierra con vida, fértil, de frutos abundantes.
++Para que llegue el Señor hemos de preparar el camino: Arrepentirnos de lo que hacemos mal, limpiar los abrojos de nuestras malas intenciones y deseos, eliminar las rocas de nuestro orgullo y nuestra soberbia, derribar los muros de nuestros pecados, nuestro rencor, nuestras injusticias, la pereza que nos impide hacer bien lo que debemos y así las buenas intenciones se queden en palabras vacías.
2.- Conviene revisar cada día lo que hacemos, darnos cuenta de que hay cosas en las que vamos mejorando y proponernos seguir allanando el camino intentando corregir lo que hacemos mal, de modo que se vaya haciendo posible nuestro encuentro con Dios y con los demás.
++Vigilar si damos frutos abundantes de conversión:
+De pedir perdón a quien hemos ofendido y perdonar a quien nos ha hecho daño, dar frutos de justicia y de paz, de misericordia y de compasión.
+Acercarnos al Sacramento del Perdón para purificar nuestro corazón y pedir la ayuda que necesitamos para tener un corazón dispuesto para recibir al Señor como se merece.
3.- Sólo si preparamos el camino al Señor y damos frutos de conversión llegará el Señor, nos llenará con los dones del Espíritu y de sus frutos:
+Amor, paciencia, paz, bondad, humildad, alegría, generosidad, dominio de nosotros mismos.
Pidamos al Señor en la Eucaristía que no nos dejemos llevar por el desánimo porque pensamos que no podemos cambiar. Al contrario. El Adviento es un tiempo de esperanza, porque si preparamos el camino el Señor vendrá a nosotros y estará siempre presente en nuestra vida.