DOMINGO III DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 25 de Enero de 2026
REFLEXIÓN
1.- El profeta Isaias nos ha recordado en la primera lectura que vivimos en una sociedad sin Dios, envuelta en el pecado y malos comportamientos, que nos arrastra a vivir de la misma manera.
Vivir así es caminar en la oscuridad, dando tumbos, sin encontrar el sentido de nuestra vida ni ser felices.
Jesús, cuando se entera de que Juan es arrestado, comienza a predicar haciendo una potente llamada: “Convertíos porque está cerca el reino de los cielos”. Y esa llamada a la conversión comienza a hacerla en tierra de gentiles, en medio de un pueblo pagano que es considerado excluido de la promesa de la Salvación.
2.- Convertirnos es cambiar, estar dispuestos a salir de nuestra zona de confort.
Es arriesgar y comenzar un camino nuevo en nuestro modo de vivir y no quedarnos contemplando cómo es nuestra vida envuelta en la oscuridad, sin atrevernos a tomar una decisión.
Jesús es la Luz que alumbra nuestras tinieblas y nos indica el camino que hemos de recorrer y la meta hacia la que nos hemos de dirigir.
3.- Jesús nos llama a cada uno por nuestro nombre, como a los primeros discípulos y nos dice: “Sígueme. Te haré pescador de hombres”. A los primeros discípulos les llamó para que estuvieran con Él y le ayudaran. Ellos lo dejaron todo y le siguieron arriesgándose a comenzar una vida nueva y desconocida.
También a nosotros nos llama por nuestro nombre porque nos conoce y sabe quienes somos y como somos, pero quizá cuando se acerca a nosotros y llama a nuestra puerta la encuentra cerrada con un cartel: NO MOLESTAR, y si no abrimos perdemos la oportunidad de saber lo que nos propone. Pero si le abrimos, entra en nuestra casa y se queda para siempre con nosotros.
Jesús quiere regalarnos su luz, quiere que estemos con Él sin poner condiciones y le ayudemos a anunciar la Buena Noticia por todo el mundo. Nos necesita.
¿Qué estoy dispuesto a dejar? ¿A qué estoy dispuesto a renunciar para seguirle?
4.- Para ser discípulo fiel de Jesús son necesarias tres cosas:
+Conocerle cada vez más y mejor, y para eso es necesario conocer, leer y estar familiarizados con las Sagradas Escrituras, especialmente con los Evangelios.
+Amarle de todo corazón y sobre todas las cosas. Sólo el que está enamorado de verdad desea ser como Él, parecerse a Él y comportarse como Él.
+Seguirle y ayudarle de modo que nuestra Palabra sea eco de la Suya y que nuestro modo de vivir sea lo más parecido posible al Suyo. Ser misioneros, reconocer que tenemos el encargo de llevar su Luz allí donde estemos y en las diversas situaciones de la vida en que nos encontremos.
5.- Del mismo modo que Jesús comenzó su llamada a la Conversión en una tierra de paganos, así la Iglesia tiene la Misión de llevar la Palabra de Jesús y su mensaje a todos los ambientes y en todos los rincones de la tierra, y no sólo entre los que nos llamamos discípulos.
¿Dónde y como puedo proclamar, con el silencio humilde de mi ejemplo, que está cerca el Reino de los Cielos? Pensémoslo seriamente porque quizá lo que cada uno dejemos de hacer siempre quedará sin hacer.