JUEVES SANTO CICLO A
Jueves 2 de Abril de 2026
REFLEXIÓN
1.- Jesús, sabiendo que había llegado la hora de pasar de este mundo al Padre, a modo de despedida hizo a los discípulos tres regalos que nadie esperaba:
++EL PRIMER REGALO fue cuando en la Última Cena que celebró con sus discípulos, cogió el pan, lo rompió, lo repartió y les dijo: Tomad y comed. Esto es MI CUERPO. Después tomó una copa llena de vino y les dijo: Bebed todos de él, es Mi Sangre derramada. Haced esto en memoria Mía. Por eso la Eucaristía es tan importante en nuestra vida.
+Jesús no quiere ni puede olvidarse de nosotros. Quiere permanecer siempre entre nosotros, estar a nuestro lado, ser nuestro compañero en el camino de la vida. Quiere y desea no sólo amarnos sino también ser amado por nosotros.
+Cada vez que celebramos la Eucaristía, recordamos y revivimos aquella Última Cena. Jesús se hace Pan partido y repartido para que lo comamos. Y al comerlo, se hace una misma cosa con nosotros, se hace carne de nuestra carne y sangre de nuestra sangre, nos convertimos en Jesús para siempre. Llevamos a Jesús en nosotros. Somos Jesús en todas partes y en todos los ambientes en los que nos movemos. Y como se llamaban entre sí los primeros cristianos: Somos Santos.
+Jesús es nuestra Vida, nuestra Esperanza, nuestra fortaleza, nuestra alegría porque sabemos que nunca nos deja solos. Siempre está ahí, en el Sagrario, esperándonos. No le dejemos solo.
2.- EL SEGUNDO REGALO es la institución del sacerdocio. Quiso que el Primer regalo durase para siempre, por eso encargó a los suyos que siempre, constantemente, dijeran sobre el Pan y el Vino sus mismas palabras para que también fueran Su Cuerpo y su Sangre, pudiéramos seguir alimentándonos de Su Vida, parecernos a Él y tener la fortaleza que necesitamos para aceptar y vencer los ataques, persecuciones y desprecios que recibimos por hacer presente a Jesús en el Pan, en el Vino y en nuestra propia vida y llamarnos discípulos Suyos.
3.- EL TERCER REGALO fue arrodillarse ante sus discípulos para lavarles los pies, tarea encomendada a los esclavos, y considerarlos SEÑORES SERVIDOS por el Mismo Dios.
Al levantarse les dijo: “¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros?. Vosotros me llamáis Maestro y Señor…pues os he dado ejemplo: lavaos también vosotros los pies unos a otros.
Por eso la celebración y participación en la Eucaristía, nos COMPROMETE a ponernos de rodillas, sobre todo, ante los que más necesitan ser servidos y hacerlo con infinita misericordia, ternura, compasión, bondad…porque somos el mismo Jesús que hace presente el Amor de Dios sobre todos hacia aquellos que son los preferidos del Padre de modo que también ellos se sientan SEÑORES.
4.- Siempre que celebramos la Eucaristía no podemos dejar de dar infinitas gracias a Dios porque nos ama, nos llama Señores y, sin merecerlo se hace nuestro esclavo.
Se queda con nosotros en la Eucaristía, en el Sagrario, en nosotros mismos.
Y siempre, pero especialmente hoy, renovemos nuestro compromiso de servir y amar a los demás como Él lo hizo y lo sigue haciendo, especialmente a través de nosotros.