DOMINGO XI DEL TIEMPO ORDINARIO CICLO A
Domingo 14 de Junio de 2026
REFLEXIÓN
1.- Jesús contempla las multitudes que le siguen cansadas, agobiadas, heridas, sin esperanza… como ovejas que no tienen pastor.
Siente compasión de esa multitud y dice a los discípulos: “La mies es abundante y los obreros son pocos, rogad pues al Dueño de la mies que mande obreros a su mies”.
A continuación llama a los Doce por su nombre, les dió autoridad para perdonar, curar el cuerpo y el alma, y les envió dándoles instrucciones muy concretas.
2.- Hoy también hay multitudes cansadas, agobiadas, heridas, sin esperanza. El ambiente que les rodea no les ofrece lo que necesitan, al contrario, les ofrece caminos equivocados que les deja vacíos, quizá solos, llenos de tristeza y amargura.
Como entonces Jesús también tiene compasión de ellos porque andan por la vida como ovejas que no tienen pastor. La mies es abundante pero los trabajadores son pocos y es preciso rogar al Dueño de la mies los obreros que son necesarios.
Os ofrezco unos pocos datos de nuestra Diócesis:
*Hay 170 sacerdotes mayores de 80 años.
*Se producen entre 30 y 40 bajas cada año por enfermedad o ancianidad o porque fallecen.
*Este próximo sábado se ordenarán solamente 4 sacerdotes.
Pasa algo parecido en otras partes del mundo. Comprenderéis que la mies es muy grande y son pocos los obreros.
3.- Jesús no llamó a los mejores. Entre ellos había hombres incultos, que no entendían nada de lo que les decía, débiles, cobardes que le negaron, le dejaron sólo en los momentos más difíciles y le traicionaron.
Llamó a los que quiso porque les amaba, se dejaban amar, confiaba en ellos y les envió a anunciar el Evangelio.
Hoy sigue llamando a los que quiere. Nos conoce, sabe nuestras debilidades y carencias, pero le basta con que le amemos y nos dejemos amar por Él.
Nos necesita, necesita que le ayudemos si no como sacerdotes o personas consagradas sí como padres de familia creyentes, educadores cristianos, dando testimonio entre los amigos, los vecinos, en el trabajo, como servidores en la comunidad parroquial, y así sembrar tendiendo la mano a quien nos necesita, escuchando, compartiendo nuestra fe con quien nos quiera escuchar…de modo que les hablemos al corazón para que sus vidas estén iluminadas con la Luz del Espíritu Santo y se encuentren con Jesús.
4.- No tengamos miedo a escuchar al Señor y hacer lo que nos pide porque, aunque nos sintamos débiles e indignos, Él es nuestra fortaleza.
Pidamos al Señor, al Dueño de la mies, que envíe operarios que tengan un corazón transparente y generoso y sientan compasión ante una multitud tan grande que camina por la vida como ovejas sin pastor.
Cada día, en cada situación de nuestra vida, que tal vez sea una situación nueva, preguntémonos: Señor, ¿qué quieres de mi?